sábado, 19 de julio de 2008

¿A QUÉ JUEGAN BRASIL Y CHILE?


BlogsPeru.com


¿Qué cosa es ese mejunje denominado “corredor vial interoceánico sur” peruano-brasileño?


Félix C. Calderón

Es una verdad de Perogrullo que los Estados, sin excepción, no tienen amigos, sino intereses. Son éstos los que guían su accionar tanto en el marco bilateral (limítrofe o no), como multilateral. Las alianzas pueden ser contingentes o permanentes en función del interés recíproco; así como, también, son coyunturales o limitadas en el tiempo las desavenencias o conflictos. Y cuando hablamos de intereses evocamos lo que conviene a la nación en su conjunto, y no a una casta de aprovechados u oportunistas que solo actúan movidos por la plusvalía apátrida. A nivel de Estados, como decía Richelieu, solo cuenta el “interés de Estado”, de ninguna manera el interés individual ni el exclusivamente empresarial.

MARGINACIÓN

Viene a cuento este exordio porque los peruanos acabamos de ser testigos de otra sesión de fotos en medio de sonrisas, abrazos y compromisos concluidos en La Paz el 16 de diciembre de 2007, entre una decidida presidenta de Chile, un aparentemente ambiguo presidente del Brasil y un preocupado Evo Morales, con miras a poner en marcha a mediados de 2009 una vía de 4,700 kilómetros tendente a unir por el sur del continente los océanos Pacífico y Atlántico. Las razones que avanza la agencia France Presse, descartando la hojarasca autocomplaciente, no son del todo convincentes; pero, lo que parece se encuentra en el aire es la virtual neocolonización de Bolivia por el Brasil y Chile y la eventual marginación del Perú, más que el cuento altruista de la integración y el desarrollo.

Chile no podía hacer solo esa empresa. Está negado por la historia y la geografía; pero, sí resultaba viable ese proyecto de contar con la oportuna compañía del Brasil, presto a aprovechar cualquier oportunidad para conseguir mercados cautivos y ampliar el horizonte de sus exportaciones. Interesante juego en tándem no del todo ausente en Namibia y Angola. Se habla de un corredor que iría de Santos hasta Arica (ojo) e Iquique, atravesando territorio boliviano por Corumba. Se habla de Santos, muy cerca del emporio industrial brasileño (Sao Paulo-Río de Janeiro-Belo Horizonte), no de Manaos ni de Acre, mucho menos industrializados. Por tanto, es de suponer que el grueso de las exportaciones brasileñas con mayor valor agregado podría transitar por esa vía transoceánica. Todo esto gracias a un desorientado Evo que no parece entender de geopolítica.
Al margen del señuelo de la conexión de Chile con el Atlántico, pues nunca ha dejado de tenerla a través del estrecho de Magallanes, lo concreto es que busca atraer las exportaciones bolivianas y brasileñas a dos puertos chilenos que le gustaría verlos convertidos en mega-puertos; mientras subrepticiamente acentuaría su penetración económica y financiera en Bolivia, dejándole al Brasil los departamentos de Santa Cruz y el Beni, más proclives a la autonomía que a seguir aceptando el úkase telúrico que viene del altiplano.
En el plano noticioso, este acuerdo o compromiso no tendría nada de novedoso si no fuera porque fue el mismo Lula quien concluyó en nombre del Brasil con el Perú un acuerdo semejante en 2004, fundado en la misma historia de acceder al Pacífico para abaratar el transporte de sus exportaciones a China, con la importante diferencia que la zona del Brasil que se conecta con el Perú no es desgraciadamente la más rica, en términos de Producto Bruto Interno.

COSTO-BENEFICIO

Surgen, por tanto, varias preguntas: ¿A cuánto ascienden las exportaciones del Brasil a China? ¿Justifica su volumen vías de acceso múltiples hacia el Pacífico? Si esto último es relativo, ¿quién paga en el lado peruano ese enorme servicio que se le hace al Brasil? De hacerlo el Perú, sería cuestión de cuantificar los beneficios, por ejemplo que los concesionarios de los tramos viales deban pagar altos impuestos al fisco peruano y para ello se desquiten cobrando peajes equivalentes al tránsito vehicular procedente del Brasil. ¿Son así las cosas? ¿Es eso lo que está pactado? En fin, ¿qué pasa si el tráfico brasileño se dirige a Arica y la conexión peruana con el Brasil sirve básicamente para facilitar la potencial neocolonización del sur peruano por ese semi-coloso del este? Esta es una hipótesis que vale la pena considerar porque si recordamos el Tratado de Tordesillas y vemos hasta donde llegó el Brasil en 1909; entonces, solo cabe hablar de integración vecinal en tanto esté sujeta a determinadas condiciones.
Por otro lado, ¿qué cosa es ese mejunje denominado en su momento “corredor vial interoceánico sur Perú-Brasil”? Sabemos que participaron en ajustarlo algunos mandarines todavía vigentes en la política criolla, aun cuando los méritos no sean su mejor referencia. Lo previsto es asfaltar desde Añapari (Madre de Dios), frente a la localidad brasileña de Assis, hasta los puertos de Ilo, Matarani y San Juan de Marcona. Vale decir, estamos hablando de una carretera que tendrá una extensión mucho menor, alrededor de 2600 kilómetros, aunque destinada a unir el sur peruano con los estados brasileños de Acre, Rondonia y Matto Grosso. Infortunadamente, aquí se impuso la geografía, no los sentimientos. Y los cálculos aritméticos son implacables. Ergo, ¿convenía poner en marcha ese corredor? No se duda que tenga sus ventajas, pero lo lógico sería que el Brasil si apostara realmente por la integración, desarrollara el eje Cuiabá-Porto Velho o apoyara a Bolivia en la construcción de un eje desde Corumbá hasta Juliaca a fin de conectar la vía que viene de Sao Paulo con la de Porto Velho para así hacer posible que sus productos industriales de exportación al Asia terminen, también, en los puertos peruanos del sur. El trayecto tendría una extensión semejante al convenido en La Paz el 16 de diciembre y solo así adquiriría sentido la frase del presidente Lula de que Bolivia es el “corazón de América del Sur.” En efecto, por eso Bolívar la desgajó del Perú en 1825, para debilitar a este país y, además, interponer una cuña entre el Perú y el cono sur. En el fondo, su inconsciente desquiciado temía al Perú. Ahora, todo se puede recomponer en aras de la integración y del interés compartido.
En suma, Chile vería al altiplano boliviano como su hinterland del siglo XXI ante la imposibilidad de la usurpación mediante la guerra y el carácter infranqueable de la barrera que le representan los veleidosos argentinos. Brasil, por su lado, se prestaría al juego porque crea la competencia en el acceso al Pacífico sin que le cueste mayormente y, de paso, amplía su espacio de mercados cautivos. Interesante negocio. Veremos si el Brasil está preparado para jugar en este campo de ligas mayores y apuesta por la interconexión vial integral de suerte tal que Bolivia y todos, en general, salgan ganando.

FRATERNALMENTE. DR. LUIS ANTONIO, ROMERO YAHUACHI

No hay comentarios:

Publicar un comentario