sábado, 30 de agosto de 2008

PERU Y CHILE: DOS CARAS DE UNA SOLA MONEDA DE ORO.

BlogsPeru.com PRIMERA PARTE



Chile y Perú tienen una relación fluctuante, afectada permanentemente por la herencia del pasado. La Guerra del Pacífico y sus consecuencias más visibles -pérdida territorial, invasión chilena y consecuente obtención de trofeos de guerra- aún son un factor determinante en el avance y desarrollo de los vínculos entre Chile y Perú.
La hipótesis desarrollada en este trabajo plantea que la consecuencia fundamental de este conflicto, en cuanto a su capacidad de afectar la relación actual entre ambos países, es la generación de imágenes que han ayudado a construir una percepción negativa del otro.
Tres son las principales imágenes que abordaremos en este estudio. La de ganador y vencido; la de invasor e invadido y la de país exitoso y estable frente a la imagen de un país políticamente inestable y con altos niveles de pobreza.


I. PERCEPCIONES COMPARTIDAS Y CONTRADICTORIAS


El análisis de los discursos y de los textos de ambos países aporta un elemento coincidente. La Guerra del Pacífico es un hito en la historia bilateral y regional.
Para gran parte de la sociedad peruana, "la Guerra del Pacífico es el acontecimiento más importante de nuestra historia militar. Muchas de nuestras acciones y política militar aún se ven a través del prisma de este trauma que vivió el Perú hace más de un siglo. Muchas veces ese prisma no nos deja ver con claridad la realidad y nos hace tomar decisiones equivocadas"2. Para una fracción importante de los peruanos aún existe la noción del orgullo nacional herido por la derrota y por la invasión chilena.
En el caso de Chile, la victoria permitió la persistencia de la noción de unas fuerzas armadas "jamás humilladas y jamás vencidas" y generó un sentimiento de excesivo orgullo nacional, que condicionó y condiciona la vinculación futura con sus vecinos del norte, determinando la agenda de política exterior y de defensa a nivel gubernamental; pues la herencia histórica, a pesar de la voluntad política expresada por ambos gobiernos, resurge frente a cualquier divergencia. José Rodríguez Elizondo denomina el proceso experimentado por los chilenos después de la guerra como una "sobrecompensación" y señala que "hoy parece evidente que ese orgullo mutó en arrogancia focalizada y que ésta sirvió poco al interés nacional. En contrapunto con el rencor peruano, amarró el desarrollo futuro de ambos países a una íntima enemistad, que se expresaría, para unos, en la obligación de conservar lo ganado y, para otros, en la necesidad de recuperar lo perdido. Ese amarre impediría asomarse a las posibilidades de una cooperación que los potenciara a ambos conjuntamente"3.
Esta imagen de ganador y vencido y su repercusión en el alma nacional se mantienen hasta hoy; pero adquieren nuevas formas y se unen a nuevas imágenes que ayudan a construir una percepción fundamentalmente antagónica del otro.
A esto contribuye el que, a pesar de los avances sustantivos en materia comercial, no se haya logrado un mayor desarrollo en la solución de la agenda histórica, en la que se pueden identificar una serie de demandas insatisfechas por parte de los peruanos:
Primero, para algunos actores de la sociedad peruana, la solución a las Cláusulas pendientes del Tratado de 1929 -alcanzada en 1999 por ambos países- no es satisfactoria para Perú y han planteado demandas sobre asuntos de delimitación marítima, que mantienen vigentes en la agenda bilateral los temas de frontera, a pesar de la posición chilena consistente en que no hay cuestiones limítrofes pendientes. Esto ha sido rescatado por el gobierno peruano y de hecho en el primer proyecto de Libro Blanco de la Defensa Nacional de Perú, dentro del escenario subregional se señala "En estos últimos años varios países de la subregión luego de tensiones han alcanzado acuerdos en materia de límites en el marco del derecho internacional, como Chile- Argentina y Perú-Ecuador, lo que ha reducido parcialmente las posibilidades de confrontaciones violentas, sin embargo, aún subsisten algunas discrepancias que deben ser solucionadas a través de la vía diplomática, tal como la delimitación marítima entre Perú y Chile, así como la ejecución de asuntos pendientes establecidos en el Acuerdo de Paz entre Perú y Ecuador del 26 de octubre de 1998, donde deben prevalecer los esfuerzos entre los países que puedan originar una evidente carrera armamentista con proyecciones de expansión económica y futuras pretensiones encubiertas"4. Aunque en la versión final se eliminó la referencia explícita al caso chileno, sí se deja constancia de la posibilidad de conflicto por los límites marítimos. En la tipología de posibles conflictos y enfrentamientos, específicamente en el acápite de conflictos territoriales tradicionales, se habla de los asuntos demarcatorios pendientes en las fronteras marítimas, fluviales y lacustres5.
Segundo, la devolución de ciertos trofeos de guerra. Libros, documentos y el emblemático Huáscar. Esto se evidencia en las declaraciones del Almirante Alfredo Palacios Dongo, ex Comandante General de la Marina peruana, quien pidió al entonces Canciller Allan Wagner "iniciar las gestiones para la repatriación del patrimonio que nuestro país perdió durante la Guerra del Pacífico, en particular el monitor Huáscar, tomado como trofeo por el Ejército chileno"6. En la práctica estos temas pendientes del post conflicto -esta noción de falta de soluciones por alcanzar- han agudizado en determinado sector de la sociedad peruana la imagen del país vencido frente al Chile victorioso. Las consecuencias de este conflicto se evidencian incluso, según José Rodríguez Elizondo, en la estructuración de la sociedad peruana. A juicio del autor, existirían tres sectores claramente diferentes respecto a la vinculación con Chile: dos posiciones minoritarias opuestas y una posición central oscilante y definitoria.
De un lado está una minoría clara y duramente revanchista, para la cual es vital mantener una "ventana abierta" que justifique la recuperación del patrimonio territorial perdido, cuando el balance de fuerzas militares lo permita. Las cláusulas pendientes del Tratado de 1929 cumplen esa función y, por tanto, nada convencerá a esta minoría para contribuir a aprobar un finiquito formal.
En cuanto a la minoría opuesta, postula que es anacrónico seguir esperando una revancha bélica, pues en las condiciones socioeconómicas del país, y vista la interdependencia global, jamás habrá victoria con sentido en una nueva guerra chileno-peruana. Esta minoría, que no puede arriesgarse a ser percibida como "chilenófila", está compuesta fundamentalmente por los sectores de mejor nivel socioeconómico y por la parte más lúcida de la intellegentsia.
... El gran bloque central de la nación oscila entre ambas minorías, de acuerdo con la coyuntura, la capacidad de convicción y los medios que ellas desplieguen. En períodos de distensión, esto favorece a la segunda minoría, no por afecto a Chile sino por el peso obvio de la racionalidad. Sin embargo, en períodos de tensión, puede favorecer a la minoría ultranacionalista, dada la ventaja que ésta tiene en el empleo agresivo de la comunidad7.


II. LA NOCIÓN DE INVASIÓN


Son los sectores más conservadores, que quedan representados en esta diferenciación, los que más evidencian la persistencia de una imagen de país invadido, frente al auge de las inversiones de chilenos en Perú, que se desarrolla desde inicios de la década de los noventa.
En general, existe la percepción de que la llegada de capitales chilenos al Perú favorece el crecimiento y el desarrollo económico, pero para determinados sectores de la sociedad peruana esto ha constituido una nueva invasión.
En 1996 la revista Debate, en su edición de marzo-abril de 19968, daba a conocer una encuesta realizada a 504 personas mayores de 18 años, de ambos sexos y de todos los niveles socioeconómicos, residentes en la zona metropolitana de la Lima, que entregaba un panorama poco alentador. Ante las preguntas de ¿está usted de acuerdo o en desacuerdo con que ingresen al Perú capitales chilenos? Y ¿si el ingreso de capitales chilenos generara más puestos de trabajo, cambiaría usted de opinión?, el universo estudiado mostró la siguiente disposición:
TABLA 1: ¿Está usted de acuerdo con que ingresen capitales chilenos al Perú? (Encuesta de opinión pública)


Claramente los grupos de menor educación y mayor edad son más reacios a un acercamiento con Chile y se ven más afectados por lo que la prensa peruana graficó como una "invasión chilena".
En qué se sustentaría esta imagen de invasión:
1. En la llegada masiva de capitales chilenos a invertir sobre todo en servicios básicos, que son actividades que tienen mayor visibilidad pública.
2. Una conducta negativa de ciertos empresarios chilenos en el exterior. En este sentido, se argumenta cierta prepotencia, falta de adecuación a la idiosincrasia del país e ineficiencias en el manejo de las relaciones interempresa y de la empresa con el exterior.
3. Aunque en los últimos años esta imagen de "país invasor" no tiene la misma fuerza, porque ya las inversiones chilenas se han diversificado y no se desarrollan con el dinamismo de hace unos años, sí persisten las críticas frente a la acción de los empresarios chilenos en Perú, pero bajo otro concepto. Se los acusa de desarrollar expansionismo, afectando la industria peruana a través del desarrollo de monopolio. Esas fueron las acusaciones generadas en el marco del conflicto Lan Perú, cuando se señaló que la propiedad de esta aerolínea sería mayoritariamente de chilenos.
III. LA ARROGANCIA CHILENA
La imagen actual, que se ve alimentada por estas dos visiones -del país ganador e invasor-, y que estructura la percepción que existe en Perú respecto a Chile, es la de un país arrogante, orgulloso de su potencialidad económica y de su estabilidad política.
Esto lo grafica Francisco Durand, profesor de la Universidad de San Antonio, Texas9, al señalar que:
… La manera como los de arriba del país del sur miran a los de abajo también se observa en sus relaciones con sus vecinos, Bolivia y Perú, países vistos como "de indios", y al cual siguen los epítetos consabidos de subdesarrollado, inestable, pobre, atrasado, porque ahora se presentan como la isla del éxito económico en un mar de fracasos. El hecho de que Chile haya mejorado notablemente sus indicadores económicos, y en menor medida los sociales, y que haya adoptado incluso la meta de llegar a ser "desarrollado" para el 2021, aniversario de la independencia, refuerza ese sentimiento. O mejor dicho, lo esconde bajo el manto de haber -a diferencia de sus vecinos- superado esa condición de atraso, lo que lo hace "superior". Que bolivianos y peruanos pobres migren a ese país en busca de mejores oportunidades refuerza el rechazo, porque ahora "los indios están adentro" y el racismo nacionalista ya no se siente sino se práctica.
Esta arrogancia, desde la perspectiva de Durand y de otros analistas peruanos estaría sustentada básicamente en dos elementos:
1. La imagen de una capitanía que supera al virreinato. Esta tesis también es sustentada por Rodríguez Elizondo, quien argumenta que "la victoria dio inicio, así, a un "cambio de pelo" nacional. Los chilenos se liberaron de su sentimiento de subordinación a los peruanos en lo cultural, político y económico. Atrás quedó el tiempo en que Santiago lucía como un villorrio marginal, dependiente de la Lima virreinal en casi todo. Como otra ganancia, se sintieron vengados por la que percibían como ingratitudes históricas"10.
2. Un país que privilegia su vinculación con otras regiones y opta por diferenciarse de su entorno inestable.
PATRIOTICAMENTE. DR. LUIS ANTONIO, ROMERO YAHUACHI
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