lunes, 15 de septiembre de 2008

EL FENÓMENO ECONÓMICO CHINO

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Claves de interpretacion de las reformas en China

Jorge Minaya Vizcarra(*)
Abraxas5000@hotmail.com
El fenómeno económico y social más estudiado de los últimos cincuenta años está relacionado con la China continental; la complejidad de su modelo, caracterizado por reformas estructurales muy particulares (y además, apuntalado por magníficas condiciones de partida y una privilegiada posición geográfica), sumado a un prudente gradualismo en la política de reformas, hacen de la experiencia china todo un tema singular que merece profunda reflexión. Más aun si consideramos que durante el período en que se produjeron estos cambios (entre 1978 y el 2000), gran parte del mundo occidental (América Latina, Europa oriental y central y los ex países de la Unión Soviética) se debatía en una fuerte recesión y tremendos desequilibrios macroeconómicos (drástica reducción del PIB, del empleo y de los ingresos).
Ahora bien, con relación a los cambios estructurales, a la expansión de la producción y a las notables mejoras en los niveles de vida de los chinos durante el período de reformas, es preciso recordar que la experiencia del Gigante de Oriente no tiene precedentes en la historia económica del planeta. En efecto, la tasa de crecimiento anual medio del PIB chino pasó de 4,8% entre 1957-78 (época de Mao y sus concepciones estatistas), a 9,3% entre 1978-2007(época que comprende los mandatos de Deng Xiaoping y Hu Jintao), lo que le permitió a la economía china, en menos de tres décadas quintuplicar el tamaño que tenía en 1980; así mismo, la evolución de su renta per cápita es de una espectacularidad sin parangón; según fuentes del Banco Mundial (1991:14), esta se duplicó en apenas 10 años (1977-1987); más aun, como el crecimiento chino se ha acelerado en los últimos veinte años, la renta per cápita se está duplicando cada ocho años en promedio. Por contraste y salvando las distancias de espacio-tiempo, Inglaterra tardó 58 años en duplicar su renta per cápita (durante la Revolución Industrial (1780-1838), mientras que Estados Unidos lo consiguió en 47 años (entre 1839-1886). Incluso a Japón le tomó 34 años (entre 1895-1919).
Ahora bien, ¿qué produjo este salto espectacular?, ¿cuál ha sido el factor diferencial que ha caracterizado el proceso chino?; está claro que han jugado a favor de esta notable evolución varios factores: Primero, la ausencia de graves desequilibrios macroeconómicos, a lo que se sumó una alta proporción de agricultores y un comercio exterior fuertemente orientado hacia países de economía de mercado. A esto hay que agregarle la enorme ventaja china de estar ubicada en el corazón geográfico de Asia oriental (en los últimos 30 años, países como Taiwán, Corea del sur, Singapur y Malasia han registrado las más altas tasas de crecimiento del mundo).
Sin embargo, conjuntamente con estas condiciones favorables de carácter estructural, también influyeron claramente las políticas económicas adoptadas por los líderes de la segunda generación encabezados por Deng Xiaoping; en efecto, la estrategia gradualista aplicada por el gobierno chino es un factor explicativo primordial para comprender el éxito de las reformas chinas, a contracorriente de las terapias de choque o “Big Ban” utilizadas por los países de la ex Unión Soviética y América Latina, en los procesos de acceso a una economía de mercado, que por lo general resultaron altamente traumáticos e ineficientes (como lo confirman los pobres resultados de los países en transición de la Antigua URSS y de Europa central). Queda claro que el gradualismo y la prudencia china le demostraron al mundo que en economía como en todo en la vida, siempre hay más de un camino. Es decir, si bien los padres de la reforma económica del PCCH nunca pusieron en duda la necesidad de la estabilización macroeconómica para afrontar los inmensos retos de la transición, ello no obstante, cuestionaron que la mejor forma de alcanzar o recuperar los equilibrios macroeconómicos fuera la estabilización radical, puesto que en sus perspectivas existían otras formas de ajuste menos costosas. Más aun, tampoco consideraron imprescindibles la privatización masiva y la apertura indiscriminada a la economía mundial, mediante la liberalización comercial inmediata, la devaluación repentina de la moneda o la atracción súbita de inversión extranjera.
En su proceso de reforma y modernización, China no sólo se trajo abajo la ortodoxia económica de los años ochenta que insistentemente exigía la
eliminación repentina de los controles de precios, el recorte drástico de los subsidios estatales, la convertibilidad inmediata de la moneda, la apertura indiscriminada a las inversiones extranjeras, la liberalización completa de las importaciones y la privatización masiva de las empresas públicas, sino que además, diseñó para el mundo otro camino de desarrollo y modernidad al margen de los patrones rígidos impuestos por la soberbia de occidente.

(*) Sinólogo, consultor internacional .
ATTE DR LUIS ANTONIO, ROMERO YAHUACHI















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