miércoles, 2 de noviembre de 2011

INFORME SOBRE DESARROLLO HUMANO 2011

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El gran desafío del desarrollo del siglo XXI es proteger el derecho de las actuales y futuras generaciones a llevar una vida plena y saludable. El Informe sobre Desarrollo Humano 2011 es un aporte considerable y a la vez novedoso al diálogo mundial en torno a este desafío, y demuestra de qué manera la sostenibilidad está íntimamente ligada a la equidad, entendida como justicia social y mayor acceso a una mejor calidad de vida.

Las proyecciones sugieren que si seguimos ignorando los graves riesgos ambientales y las profundas desigualdades sociales pondremos en serio peligro las décadas de avances permanentes de la mayoría de los pobres del mundo, e incluso se podría revertir la convergencia mundial del desarrollo humano. Será imposible profundizar los extraordinarios avances conseguidos en desarrollo humano si no se toman medidas audaces para reducir tanto los riesgos ambientales como la desigualdad. Este Informe identifica vías de acción para que las personas, las comunidades locales, los países y la comunidad internacional promuevan la sostenibilidad ambiental y la equidad de maneras que se refuercen entre sí.

Los análisis más recientes demuestran de qué manera los desequilibrios de poder y las desigualdades de género a nivel nacional están vinculadas con menor acceso a agua potable y saneamiento mejorado, degradación de la tierra y enfermedades y muertes debido a la contaminación atmosférica, situaciones que amplifican los efectos asociados con las disparidades en los ingresos. La desigualdad de género también interactúa con los resultados ambientales, empeorándolos. En el ámbito mundial, la estructura de la gobernabilidad a menudo debilita la opinión de los países en desarrollo y excluye a los grupos marginalizados.

Sin embargo, hay alternativas a la inequidad y la insostenibilidad. Las inversiones que mejoran la equidad —por ejemplo, facilitando el acceso a energía renovable, agua y saneamiento, y salud reproductiva— pueden mejorar tanto la sostenibilidad como el desarrollo humano. La mayor rendición de cuentas y los procesos democráticos también son útiles para conseguir mejores resultados. Los enfoques fructíferos se fundan en gestión comunitaria, instituciones inclusivas y dedicación especial para los grupos desfavorecidos.

Más allá de los Objetivos de desarrollo del milenio, el mundo necesita un marco de desarrollo que refl­eje la equidad y la sostenibilidad. Este Informe demuestra el enorme potencial que tienen los enfoques que incluyen la equidad en las políticas y programas y que empoderan a la gente para que impulse cambios legales y políticos.

Las necesidades de financiación para el desarrollo superan con creces lo que hoy ofrece la asistencia oficial en este ámbito.

Por ejemplo, el gasto actual en fuentes de energía con bajas emisiones de carbono llega a menos del 2% de las estimaciones más conservadoras sobre las necesidades en este campo. Los ­flujos financieros deben encauzarse hacia los desafíos críticos que plantean la insostenibilidad y la desigualdad, y si bien los mecanismos de mercado y los recursos privados serán vitales, deben contar con el apoyo y la promoción de inversiones públicas proactivas. Para reducir la brecha financiera se requieren ideas innovadoras: precisamente lo que aporta este Informe.

En este Informe también se promueven reformas para fomentar la equidad y el protagonismo. Tenemos una responsabilidad compartida frente a los menos privilegiados, tanto los de hoy como los del futuro, y un imperativo moral de garantizar que el presente no se convierta en enemigo del futuro. Este Informe nos ayuda a vislumbrar la ruta para seguir avanzando en esa dirección.

SITUACIÓN ACTUAL

Noruega encabeza un año más la lista de países donde mejor se vive, que cierra la República Democrática del Congo (RDC), según el Índice de Desarrollo Humano (IDH) difundido hoy por la ONU.

Australia, Holanda, EU, Nueva Zelanda, Canadá, Irlanda, Liechtenstein, Alemania y Suecia la siguen por este orden en el "ranking" anual, que tiene en cuenta los ingresos, esperanza de vida y nivel de la educación en cada país, y que fue presentado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Copenhague.

En la lista, que incluye a 187 países -18 más que el año pasado-, España aparece en el puesto 23, por delante de Italia y del Reino Unido y de otros como Chile (44), Argentina (45), Uruguay (48) y Cuba (51) los mejores clasificados en América Latina.

Seguidos por Venezuela (73), Perú (80), Ecuador (83), Brasil (84), Colombia (87) y último Bolivia (108).

Los diez países que ocupan los últimos puestos pertenecen al África Subsahariana: Guinea, República Centroafricana, Sierra Leona, Burkina Faso, Liberia, Chad, Mozambique, Burundi, Níger y la RDC.

La comparación del último lustro Colombia ( 87 ), revela que Cuba, con diez, y Venezuela y Tanzania, con siete, son los que más puestos han subido, mientras que los que más han retrocedido en la lista son Kuwait y Finlandia, que han perdido ocho y siete, respectivamente.

Noruega sigue manteniendo la primera plaza si en vez del IDH se usa el IDH-D, que tiene en cuenta las desigualdades internas, pero otros países experimentan descensos acusados, como EU, que baja al puesto 23; Corea del Sur, del 15 al 32, e Israel, del 17 al 25.

En el caso de EU e Israel, la bajada obedece sobre todo a la desigualdad en los ingresos, aunque la sanidad es también un factor en el primero, según el informe, que destaca al contrario cómo otros países como Suecia y Dinamarca suben puestos al aplicarles el IDH-D.

"El IDH ajustado a las desigualdades ayuda a evaluar mejor los niveles de desarrollo para todos los segmentos de la sociedad, mejor que para el mítico ciudadano medio", señaló en un comunicado Milorad Kovacevic, responsable de las estadísticas del informe.

"Sostenibilidad y equidad: un futuro mejor para todos", como se titula el informe de 185 páginas, revela que la distribución de los ingresos ha empeorado en la mayoría del mundo y que América Latina sigue siendo la región más desigual, aunque si se aplica el IHD-D la superan el África Subsahariana y el Sur de Asia.

Suecia encabeza el Índice de Desigualdad de Género (IDG), ordenado de menos a más, por delante de Holanda, Dinamarca, Suiza, Finlandia, Noruega, Alemania, Singapur, Islandia y Francia.

Níger, Chad y Yemen, en orden descendente, cierran la lista del IDG, uno de los índices complementarios lanzados el año pasado por el PNUD y que en esta edición compara a 146 países.

Otro de ellos es el Índice de Pobreza Multidimensional (IMP), que examina a nivel familiar factores como el acceso a agua potable, combustible y servicios de salud, así como artículos domésticos y estándares de construcción de casas.

Más de mil 700 millones de personas en 109 países vivían en pobreza "multidimensional" a finales de la década pasada, según el informe.

Níger tiene el mayor porcentaje de pobreza multidimensional, que afecta al 92 % de su población; seguido por Etiopía y Mali, con el 89 % y el 87 %, respectivamente, en una lista de 109 países.

Las tendencias ambientales en las últimas décadas muestran un deterioro del suelo, lo que disminuye su productividad, y un aumento de la deforestación y la desertificación, constata el PNUD.

Se prevé que los factores ambientales adversos aumenten los precios mundiales de los alimentos entre un 30 % y un 50 % en las próximas décadas, y los mil 300 millones de personas que se dedican a la agricultura y pesca serán las más amenazadas.

En un escenario de "desafío medioambiental" que capture los efectos del calentamiento global sobre la producción agrícola, el acceso a agua potable y saneamiento mejorado y la contaminación, el IDH podría bajar un 8 % a nivel mundial para 2050, según el informe.

En un escenario de "desastre ambiental", bajaría un 15 %.

El PNUD resalta que aunque los países con IDH bajo son los que menos han influido en el cambio climático -un habitante promedio emite 30 veces menos dióxido de carbono (CO2) que uno de un país con IDH muy alto-, son los que más sufren sus consecuencias, como la mayor disminución en las precipitaciones y el mayor aumento en su variabilidad.

La situación se agrava por el déficit en el gasto en asistencia oficial a las inversiones para afrontar el cambio climático.

"Lo que se gasta en fuentes de energía con bajas emisiones de dióxido de carbono es el 1,6 % de la estimación más baja de las necesidades en ese ámbito; lo que se destina a adaptación y mitigación del cambio climático se ubica en torno al 11 %", señaló en el informe la administradora para el PNUD, Helen Clark.

El PNUD promueve integrar en las políticas medioambientales los problemas de equidad, combinar inversión pública y privada y tasas sobre transacciones de divisas y transacciones financieras.

Clark fue la encargada del lanzamiento mundial del informe en Copenhague, en un acto al que también asistió la primera ministra danesa, Helle Thorning-Schmidt.

ACUERDOS FINALES

En junio de 2012, los líderes mundiales se darán cita en Río de Janeiro con el fin de alcanzar un acuerdo sobre las medidas globales necesarias para proteger el futuro del planeta y el derecho de las generaciones venideras a llevar una vida plena y saludable. Ése es precisamente el gran desafío del siglo XXI en materia de desarrollo.

El Informe sobre Desarrollo Humano 2011 es un aporte considerable y a la vez novedoso al diálogo mundial en torno a este desafío, y demuestra que la sostenibilidad está íntimamente ligada al problema básico de la equidad, entendida como justicia social y mayor acceso a mejor calidad de vida. La sostenibilidad no es solo, ni en primera instancia, un tema ambiental, como se argumenta tan convincentemente en este Informe. Se trata, sobre todo, de la forma en que elegimos vivir nuestra vida, conscientes de que todo lo que hacemos tiene consecuencias para los 7.000 millones de habitantes del planeta, así como para los miles de millones que vendrán en los próximos siglos.

Comprender los vínculos entre sostenibilidad ambiental y equidad es fundamental si queremos ampliar las libertades humanas para las generaciones actuales y futuras. No es posible continuar con los notables avances en materia de desarrollo humano conseguidos en las últimas décadas —debidamente documentados en los Informes sobre Desarrollo Humano mundiales— sin que se tomen medidas audaces para reducir tanto los riesgos ambientales como la desigualdad.

Este Informe identifica vías de acción para que las personas, las comunidades locales, los países y la comunidad internacional promuevan la sostenibilidad ambiental y la equidad de maneras que se refuercen entre sí.

En los 176 países y territorios donde el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) trabaja día a día, muchas personas de bajos recursos cargan el peso de una doble privación.

Aparte de su mayor vulnerabilidad a los efectos más generales de la degradación ambiental y a la falta de herramientas para hacerles frente, también deben soportar amenazas en su entorno inmediato, ya sea por la contaminación intradomiciliaria, el agua sucia o la falta de saneamiento.

Las proyecciones indican que si seguimos ignorando los graves riesgos ambientales y las profundas desigualdades sociales, pondremos en serio peligro las décadas de avances permanentes de la mayoría de los pobres del mundo, e incluso se podría llegar a revertir la convergencia mundial del desarrollo humano.

Las enormes diferencias de poder son las que determinan este patrón. Análisis recientes demuestran de qué manera los desequilibrios de poder y la desigualdad de género en el ámbito nacional están vinculados con menos acceso a agua limpia y saneamiento mejorado, degradación de las tierras y muertes debido a contaminación atmosférica e intradomiciliaria, situación que amplifica los efectos asociados con las disparidades en los ingresos. La desigualdad de género también interactúa con los resultados ambientales y los agrava. Por su parte, la estructura de la gobernabilidad mundial a menudo debilita la opinión de los países en desarrollo y excluye a los grupos marginalizados.

Sin embargo, hay alternativas a la inequidad y la insostenibilidad. El crecimiento impulsado por el consumo de combustibles fósiles no es un prerrequisito para una mejor vida en términos de desarrollo humano. Las inversiones que mejoran la equidad —por ejemplo en cuanto al acceso a energía renovable, agua y saneamiento, y salud reproductiva— pueden mejorar tanto la sostenibilidad como el desarrollo humano. La mayor rendición de cuentas y los procesos democráticos también pueden profundizarse, en parte a través del apoyo a una sociedad civil y medios de comunicación activos. Los enfoques fructíferos se fundan en la gestión comunitaria, en instituciones inclusivas que prestan particular atención a los grupos desfavorecidos y en enfoques transversales que coordinen presupuestos y mecanismos en los distintos organismos de gobierno y asociados en el desarrollo.

Más allá de los Objetivos de desarrollo del milenio, el mundo necesita un marco para avanzar después de 2015 que refleje la equidad y la sostenibilidad; Río+20 representa una gran oportunidad para llegar a una noción compartida de cómo seguir avanzando. Este Informe muestra que los enfoques que incluyen la equidad en las políticas y programas, y que empoderan a la gente para que pueda ser protagonista de cambios legales y políticos, tienen muchísimo que aportar. Cada vez hay más experiencias mundiales que demuestran el potencial de estos enfoques para generar y captar sinergias positivas.

La financiación requerida para el desarrollo —inclusive para protección ambiental y social— tendrá que aumentar exponencialmente con respecto a la actual asistencia oficial para el desarrollo.

Por ejemplo, lo que hoy se gasta en fuentes de energía con bajas emisiones de carbono es apenas el 1,6% de la estimación más baja de las necesidades en este ámbito, mientras que los desembolsos para adaptación y mitigación del cambio climático se ubican en torno al 11% de los requerimientos estimados. Las esperanzas están puestas en la nueva financiación de derechos de emisión. Si bien los mecanismos de mercado y los fondos privados serán vitales, deben contar con el apoyo y la promoción de inversiones públicas. Para reducir la brecha financiera se requieren ideas innovadoras, que es precisamente lo que aporta este Informe.

Más allá de conseguir nuevas fuentes de recursos para abordar las urgentes amenazas ambientales de manera equitativa, el Informe propicia reformas que promueven la equidad y el protagonismo.

En lugar de exacerbar las actuales disparidades, los flujos financieros deben canalizarse hacia el desafío crítico que plantean la insostenibilidad y la inequidad.

Generar oportunidades para todos es el objetivo central del desarrollo humano. Tenemos una responsabilidad colectiva con los menos privilegiados del mundo, en este momento y en el futuro, además del imperativo moral de garantizar que el presente no sea enemigo del futuro. Este Informe nos ayuda a vislumbrar la ruta para seguir avanzando en esa dirección.

http://excelsior.com.mx/index.php?m=nota&id_nota=779326&seccion=dinero&cat=13

http://www.elpais.com/elpaismedia/ultimahora/media/201111/02/sociedad/20111102elpepusoc_1_Pes_PDF.pdf

FRATERNALMENTE

LUIS ROMERO YAHUACHI

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