sábado, 21 de abril de 2012

EL NACIONALISMO

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El Nacionalismo es una ideología que, podría decirse, se impulsa luego de la Revolución Francesa aunque podemos apreciarla en varios momentos de la historia. ¿Qué proclama el Nacionalismo en sí? Proclama el derecho de constituir Estados que se identificaran con las nacionalidades, es decir, con aquellas colectividades que poseen en común algunos elementos básicos.
¿Qué elementos? Pues algunos como el idioma, la religión, las costumbres, las tradiciones, los recuerdos históricos, los sentimientos, intereses o el desarrollo intelectual. Es decir, todos los elementos que forman la cultura de una sociedad, que los hace sentirse pertenecientes a ella.
Una Nación no es lo mismo que un Estado. La Nación va un poco más allá del primero y se rige por ciertas reglas que no todas las comunidades cumplen y por ello vemos algunos conflictos por ese asunto. El Nacionalismo es “sentido de pertenencia” hacia, no sólo el Estado en el que nos encontramos, sino a la sociedad que pertenecemos. ¿O acaso una tribu indígena de Brasil puede sentirse identificada con el resto de la sociedad? No, es muy difícil que esto ocurra.
¿Por qué la relación entre el Nacionalismo y la Revolución Francesa? Pues porque todos los factores mencionados anteriormente comenzaron a surgir con más fuerza que nunca, con sociedades que querían separarse de los poderes de la monarquía, cuando no tenían ninguna relación con ella. Un claro ejemplo de ello  lo vemos en la rebeldía italiana contra el despotismo de la casa de Austria.
Incluso hoy en día lo seguimos viendo, como  la separación de Kosovo de Serbia (17 de febrero de 2008), demostrando que este asunto aún sigue vivo y estará de esa forma por mucho tiempo más pues, es muy difícil cuando el Nacionalismo juega en contra de un Estado. Si está bien o mal, eso quedará en el criterio de cada uno de vosotros.

INTRODUCCIÓN                                                                           

Con cierta frecuencia oímos o leemos a algunos teóricos afirmar que cuando se habla de los conceptos de nación, nacionalismo o soberanía nacional, "ahora que nos encontramos en la Era de la globalización", se está incurriendo en un anacronismo y una pérdida de tiempo.
En el caso del nacionalismo, éste ha funcionado además como una idea multipropósito. Así, si bien ya existían con anterioridad expresiones más sentimentales que ideológicas de patriotismo, se afirma que las naciones y el nacionalismo surgieron en Europa a mediados del siglo XVIII como efecto del desarrollo capitalista y el deseo de la burguesía en ascenso por apropiarse y unificar el Estado, para que éste a su vez permitiera la unificación de territorios y pueblos dispersos del régimen feudal en una sola nación y un mercado propio. A continuación, vino la expansión de ese mercado y entonces sirvió para justificar las guerras de conquista de naciones (que es como decir de otros mercados), el colonialismo y más tarde el imperialismo, todo en nombre de un supuesto destino histórico de las naciones desarrolladas.
Posteriormente, al terminar la Segunda Guerra Mundial, se constituyó en el fundamento teórico para los movimientos de liberación de los países colonizados del Tercer Mundo. Más reciente, y en especial en América Latina, también fue utilizado como excusa por los partidos demagógicos y clientelares para concentrar todas las riquezas en el Estado y luego poder meter sus manos en las arcas nacionales. Finalmente, hoy el nacionalismo representa, por una parte, la natural aspiración de independencia y reafirmación nacional de los pueblos que luchan por salir del neocolonialismo, la dependencia y el subdesarrollo
Así podemos observar que el nacionalismo es atacado en diversos frentes. Entre sus más elaboradas teorías está la que presenta a la democracia neoliberal como la expresión más acabada de un pretendido fin de la historia, de las fronteras nacionales, de las ideologías y, por supuesto, de la lucha de clases. Por otra parte, el ataque viene desde un antropologismo absoluto que deifica el concepto de cultura, en especial la de una civilización occidental, moderna y que supuestamente todo el mundo quiere imitar. Según este antropologismo, el impacto de esa "cultura-mundo", y junto a ella el multiculturalismo regional, "hacen estallar los conceptos equivalentes de identidad y nación". Otro frente se ubica en las posiciones de los teóricos gerencialistas que conciben a la globalización como un proceso "irresistible e irreversible" ante el cual los estados nacionales deben doblegarse. También, acompañando estas posiciones, vemos a ciertos intelectuales de "izquierda" quienes asumen como propias las definiciones convencionales de aquellos mandarines de la globalización. Por último, se encuentran las posiciones de los escépticos y anarquistas quienes partiendo de experiencias singulares siempre terminan por dudar o negarlo todo: el Estado, la Nación, el nacionalismo, etc.
¿Por qué esta Comunidad  ideológica en contra del nacionalismo, especialmente el del Tercer Mundo? ¿A qué intereses responde ese deseo de desmantelar los estados nacionales y desintegrar la identidad y la cultura de sus habitantes? ¿Será de verdad que se pretende que todos los pueblos del mundo acepten la existencia de un estado transnacional, único regente de todas las leyes y poseedor de la más absoluta soberanía global? Y si esto es así, entonces, ¿a qué viene ese gesto de los proponentes de andar cantando himnos patrios y arropándose con el pabellón nacional?
No obstante, esas descalificaciones y ataques contrastan con la experiencia histórica de los dos últimos siglos donde siempre el nacionalismo ha jugado, para bien o para mal, un papel estelar. También contrastan con el reconocimiento que hacen otros investigadores a la vigencia de este fenómeno: Por ejemplo, para los filósofos R. McKim y J. McMahan (2003, p. 17): "Resulta incontestable que el resurgir del sentimiento nacionalista en muchas zonas del mundo es uno de los más importantes y menos previstos fenómenos de la política internacional contemporánea". Asimismo, el conocido filósofo Charles Taylor afirma que el "Nacionalismo no puede comprenderse como una reacción atávica" [sino que] "Es un fenómeno que representa la quintaesencia de la modernidad". Por su parte Anthony Smith, catedrático de sociología en la Universidad de Londres y autor de una de las más amplias investigaciones sobre el tema, concluye que: "A estas alturas debería resultar evidente que las probabilidades de superar la nación y reemplazar al nacionalismo en la actualidad son escasas"; dado que "un cosmopolitismo creciente no entraña por sí solo la decadencia del nacionalismo" así como "el nacimiento de áreas de cultura regionales no merma la influencia de las identidades nacionales" (A. D. Smith, 1997, p. 159). Y estas no son expresiones de algunos intelectuales "tercermundistas".
Entonces, frente a esta discusión surgen las siguientes preguntas: ¿Qué es realmente el nacionalismo? ¿Existen al mismo tiempo diversas fuentes y tipos de nacionalismos o el término se refiere a un único fenómeno social? Y, por supuesto, ¿tienen sus tesis alguna justificación histórica? Estas interrogantes han ocupado la atención de diferentes pensadores en el campo de las ciencias sociales y humanas a lo largo de los dos últimos siglos. Veamos, para comenzar, lo que dicen algunos autores acerca del origen del problema que aquí nos ocupa.

ORIGEN DE LAS NACIONES Y EL NACIONALISMO


Según escriben Mario Sanoja e Iraida Vargas (2005), la nación más que una estructura es un proceso de integración cuyo origen y desarrollo se gesta a lo largo de la historia de los pueblos; si bien la concreción de este proceso se da bajo condiciones históricas y materiales que son contingentes y originales. En efecto, las naciones son el resultado de la conjunción de múltiples factores objetivos (económicos, sociales, étnicos, culturales, tecnológicos, institucionales) y subjetivos (identitarios, de pertenencia, etc.) cuyo grado y patrón de organización están determinados por el grado de desarrollo de la reproducción social. Así, podemos observar a lo largo de la historia de la humanidad una serie de estructuras socio-políticas que van desde la organización gentilicia, pasando por reinos, imperios, ciudades estados, protectorados, hasta llegar al sistema más complejo de Estados-nación actualmente dominante (aunque parece que este viaje continúa hacia formas de organización más complejas como la unión o bloques regionales de naciones).
Según Hirsch (1998) otorga al concepto de nación un significado sumamente contradictorio: En primer lugar, simboliza la unión y autodeterminación política del pueblo, integrado por ciudadanos libres e iguales, frente a las tradicionales fuerzas oligárquicas y feudales. En este sentido, afirma este autor, el concepto de nación tiene un sentido fundamentalmente democrático, que se evidenció especialmente en las revoluciones burguesas. Por otra parte, el concepto de nación siempre está ligado con la exclusión de todo lo foráneo y el sometimiento al poder del estado centralizado, por lo que al mismo tiempo opera como un instrumento de dominación. Esta contradicción, de acuerdo a nuestro entender, es también la que marca el punto de partida para las diferentes ideologizaciones sobre el nacionalismo; pero este último aspecto será materia de discusión en otra parte de este trabajo.
Continuando con este breve análisis histórico, cronológicamente se pueden señalar varios momentos en el surgimiento de los estados nacionales y los movimientos nacionalistas, los cuales responden tanto a las distintas etapas en el proceso de acumulación capitalista como a un creciente desarrollo y solidificación de las identidades nacionales de los diferentes pueblos del mundo: El primer momento, entre 1789 y 1871 correspondió a la lucha por la liberación nacional burguesa contra los restos del modo de producción feudal y de los regímenes políticos autocráticos que, para sí, se dio la nobleza. Esta lucha que se libró fundamentalmente en Europa occidental y que desembocó en los modernos Estados nacionales fue esencialmente democrático-burguesa.
Un segundo momento, entre 1918 y 1957, comprende los años en los cuales se sucedieron dos Guerras Mundiales y otros dos procesos diferentes pero relacionados: Por una parte, el fin de la Primera Guerra Mundial tuvo como uno de sus resultados la aparición de nuevos estados nacionales en el continente europeo, al desintegrarse los imperios multi-nacionales Austro-Húngaro y el Otomano. El Tratado de Versalles en 1918 se caracterizó por un reconocimiento del principio del nacionalismo, al ser la mayor parte de Europa dividida en estados nacionales en un intento por mantener la paz. Pero también, como otra consecuencia importante de esta guerra, debe destacarse el surgimiento del primer Estado socialista en Rusia.
Por otra parte, en este mismo periodo, se desencadenó una serie de movimientos de liberación nacional prácticamente en todo el mundo colonial, los cuales en su mayoría se concretaron al terminar la Segunda Guerra Mundial. Estos movimientos, a diferencia de los dos anteriores, contaban esta vez con la existencia de una conjunción de fuerzas integrada por importantes sectores de intelectuales progresistas de la clase media, obreros y campesinos revolucionarios quienes guiados por la influencia y el apoyo del campo socialista derrotaron casi totalmente al viejo colonialismo europeo. Los movimientos de liberación nacional en este período dieron como resultado la instalación de una serie de naciones con diferentes tipos de regímenes: unos liberal-burgueses, algunos autocráticos y otros con características socialistas.
El último o más reciente momento se puede datar a partir de 1991, año que marca la desaparición del bloque socialista de naciones. La eliminación de los regímenes socialistas y el casi inmediato resurgimiento de los viejos regionalismos, mayormente fundamentados en antiguas nacionalidades del Este de Europa, dieron como resultado la aparición de otro grupo de nuevas naciones casi todas con gobiernos liberales.

LAS VISIONES ACADÉMICAS: SUS TEORÍAS Y ENFOQUES DEL NACIONALISMO.

En las ciencias sociales se entiende como una visión a la perspectiva general desde la cual se analizan los problemas y se pretende proporcionar una explicación racional de un asunto o tema. Obviamente, la visión académica es la que predomina en las diferentes disciplinas que constituyen el amplio campo de las ciencias sociales. Paul Treanor (1997) señala al menos nueve disciplinas académicas que desarrollan teorías sobre el nacionalismo y los estados nacionales. Ellas son: la geografía política, las relaciones internacionales, las ciencias políticas, la antropología cultural, la psicología social, la filosofía política, el derecho internacional, la sociología y, finalmente, la historia.
Cada una de estas disciplinas, de acuerdo con su particular enfoque, ha desarrollado una serie de teorías acerca de la razón y el origen del nacionalismo. En la misma fuente citada, Treanor ofrece algunas "categorizaciones simples y no-inclusivas" de las diferentes teorías del nacionalismo:
1.    Teoría normativa del nacionalismo, en la filosofía política.
2.    Teorías del nacionalismo como extremismo político. Estos enfoques se relacionan con listas de definiciones preelaboradas por la extrema derecha.
3.    Teorías del nacionalismo como producto de la modernidad. Estas forman lo medular de las teorías sociológicas del nacionalismo.
4.    Teorías primordialistas, en contraposición a las teorías del origen moderno de las naciones.
5.    Teorías civilizacionistas del nacionalismo, que a manudo implican una finalidad organicista para la comunidad global.
6.    Teorías historicistas, las cuales toman la existencia de las naciones tal como son, pero considerando las diferentes condiciones para su desarrollo.
7.    Teorías de integración social, especialmente sustituyendo a las teorías religiosas.
8.    Teorías sobre la formación de los estados, en las cuales residualmente se explica el nacionalismo como un producto de políticas centrales dirigidas a lograr la uniformidad.
9.    Teorías sobre el Sistema u Orden Global, las cuales no siempre consideran las características internas de los estados nacionales.
10. Por su parte, James Goodman (1996, citado por Paul Treanor, y también por Michael Lucas, 1999) presenta una categorización mucho más simple, que reduce las teorías del nacionalismo en cinco enfoques:
·         Teorías etno-nacionales, que ponen el acento en los componentes étnicos del nacionalismo e intentan explicar la fuerza afectiva, o subjetiva, del nacionalismo;
·         Teorías modernistas, que enfatizan el papel de los factores socio-económicos en el surgimiento de la identidades nacionales, siendo el de mayor importancia la industrialización;
·         Teorías centradas en el estado, que vinculan el nacionalismo con el sistema de estados y las relaciones internacionales;
·         Teorías centradas en las clases sociales, que refieren a las relaciones de clases y el impacto del capitalismo industrial sobre los movimientos nacionalistas; y
·         Teorías sobre el desarrollo desigual, que enfocan el amplio escenario internacional y transnacional en el que se reproduce el nacionalismo, y el cual comprende el amplio campo de las relaciones económicas, culturales y políticas que se dan entre y dentro de las sociedades.
En la actualidad y desde una perspectiva socio-histórica, se pueden encontrar diversos e interesantes estudio sobre el origen de las naciones y el nacionalismo. Como ya hemos observado antes, estos estudios parten desde diferentes enfoques y teorías. Algunos de estos estudios destacan aspectos objetivos, y otros los fundamentan en razones subjetivas, aunque se debe anotar que estas posiciones no son absolutas. Entre los primeros podemos destacar al ya mencionado Ernest Gellner (1988). De acuerdo con este autor, el origen de las naciones y el nacionalismo se explica en la industrialización moderna y la necesidad de un Estado que proporcione la homogenización funcional requerida para este tipo de economía. En consecuencia, el nacionalismo no es el despertar de las naciones a la conciencia de sí mismas: "inventa naciones donde antes no existían", de acuerdo con ese imperativo de homogeneidad. Entre los "objetivistas" también debemos incluir a los marxistas clásicos para quienes la nación y el nacionalismo corresponden igualmente a una determinada etapa del desarrollo económico capitalista.

LAS VISIONES GEOPOLÍTICAS: SUS TESIS Y DOCTRINAS DEL NACIONALISMO

Se entiende como geopolítica a las doctrinas que establecen las relaciones entre los Estados, las políticas que llevan a cabo, los espacios geográficos para su ejecución, así como las causas que determinan esas políticas. Estas doctrinas pueden encontrarse como elementos normativos en las políticas generales de ciertos Estados, o bien como parte integrante en sistemas de pensamiento político-filosóficos más complejos. Lógicamente, al tratar acerca de las políticas de los Estados nacionales, cada una de estas doctrinas ha desarrollado una visión particular del nacionalismo. A continuación, echemos una breve mirada sobre algunas de las principales doctrinas:
"Lo esencial en la existencia de una nación es que sea un Estado y que se conserve como tal. Una nación que no haya formado dentro de sí un Estado, sino que sea meramente "nación", carece de rigor de historia, como es el caso de naciones que existieron en estado salvaje. Cuanto a una nación le acontece  tiene un significado esencial en relación con el Estado". Friedrich Hegel (1770-1831). Cit. en Las Ideas Políticas: D. Thomson (comp.), Labor S. A., Barcelona, 1967, p. 144.
Según Aníbal Quijano (2002), eurocentrismo es la perspectiva de conocimiento que fue elaborada sistemáticamente desde el siglo XVII en Europa, como expresión y como parte del proceso de eurocentramiento del patrón de poder colonial/moderno/capitalista, que terminó por constituirse en la racionalidad hegemónica, el modo dominante de producción de conocimiento. En relación a la cuestión nacional, los elementos principales de esta perspectiva son:
en primer término, el lugar privilegiado que siempre ha ocupado el Estado en el proceso de formación e institucionalización de toda nación y, por ende, en el desarrollo de la ciencia política occidental. Si bien es conveniente anotar que no existe unanimidad en la literatura en cuanto al grado de centralidad que se le atribuye a este tema, no hay dudas que la importancia del mismo para la historia de las sociedades occidentales ha sido muy grande. La razón de esa orientación "estadocéntrica" podría explicarse, según el punto de vista de Gellner, en que las sociedades modernas son economías que, por su propia naturaleza, necesitan de los servicios y de la gestión del Estado. En este sentido, el Estado respalda y difunde una lengua y una cultura homogéneas indispensables para este tipo de economía, así como para este tipo de sociedad, organización política y sus procedimientos administrativos.
Otro aspecto es el de la homogeneización como elemento básico de la nacionalización: Para la visión eurocéntrica, la característica básica de la nación moderna y de todo lo relacionado con ella es su modernidad, pero, para lograr la construcción del Estado nacional moderno, iniciada por las revoluciones democrático-burguesas en el siglo XVIII, fue necesario desarrollar las políticas de nacionalización y homogeneización de la sociedad que requería el nuevo estado. Para desarrollar estas políticas los sectores dominantes crearon, entre otros, dos elementos importantes, uno de inclusión y otro excluyente: Como un elemento de inclusión social se destaca la creación de las instituciones modernas de ciudadanía y democracia política.
Al mismo tiempo, junto al anterior elemento homogeneizador de ciudadanía, encontramos el concepto de raza como elemento fundamental de control y de "la colonialidad del poder". Esta idea y la clasificación social básica y universal de la población del planeta en torno a esa idea de raza (o racismo), según Quijano, fueron originadas hace 500 años junto con América, Europa y el capitalismo, y fueron impuestas sobre toda la población del planeta en el curso de la expansión del colonialismo europeo. De acuerdo con este autor, desde entonces esas políticas impregnan todas y cada una de las áreas de existencia social, constituyendo la base intersubjetiva más universal de dominación política dentro del actual patrón de poder mundial.
Sin embargo, debemos destacar que los conceptos de ciudadanía y raza no fueron las únicas formas de homogeneización de las sociedades europeas. Para Lenin (1975), otros rasgos que también caracterizaron toda la evolución moderna y la homogeneización de esos Estados fueron: 1) La generalización de la economía capitalista en todos los países occidentales, consolidando así el Poder económico de la burguesía; 2) La formación del Poder parlamentario, lo mismo en los países republicanos que en los monárquicos, y 3) El perfeccionamiento y fortalecimiento del Poder ejecutivo, de su aparato burocrático y militar.
Ahora bien, de acuerdo con la visión eurocéntrica, ¿cuáles eran los criterios básicos que permitían que un pueblo fuera clasificado firmemente como una nación?: De acuerdo con los estudios de Hobsbawn (op. cit.), existió un primer momento popular-revolucionario en la cual se equiparaba el pueblo soberano con el estado. Según lo expresaba la Declaración de Derechos francesa de 1795, la ecuación nación = estado = pueblo, y especialmente pueblo soberano, sin duda vinculaba nación a territorio pero no tenía ningún sentido fundamental la etnicidad, la lengua y otras cosas parecidas.
Luego, en un segundo momento (entre 1830 y 1880), pasó a dominar el concepto de la burguesía liberal que consideraba que la nación y los requisitos para que se pudiesen concebir como tal estaban indisolublemente unidos al tamaño de la población y la dimensión del territorio (el llamado "principio del umbral"), por ser estos los factores que a su vez posibilitaban las condiciones para el desarrollo económico.
En un tercer momento, -siguiendo la exposición de Hobsbawn- el nacionalismo de 1880-1914 difería en tres aspectos importantes de las fases anteriores. En primer lugar, abandonó el "principio del umbral". En lo sucesivo cualquier conjunto de personas que se consideraran como "nación" reivindicó el derecho a la autodeterminación, que, en último término, significaba el derecho a un estado aparte, soberano e independiente para su territorio. En segundo lugar, y a consecuencia de esta multiplicidad de naciones "no históricas", la etnicidad y la lengua se convirtieron en los criterios centrales, cada vez más decisivos o incluso únicos de la condición de nación en potencia. Y, en tercer lugar, un marcado desplazamiento hacia la derecha política de la nación y la bandera, así como también en contra del auge de los movimientos socialistas, sobre todo dentro de los estados-nación establecidos, que a la postre llevó al triunfo temporal del fascismo.
Así, el resultado de toda esta experiencia fue que se terminó por conformar, a nivel "oficial", un rechazo al nacionalismo por considerarlo según Brubaker- "una mezcla contradictoria de chauvinismo y universalismo mesiánico", heredado tanto de la tradición revolucionaria francesa y la expansión napoleónica, como de la reacción y conformación del nacionalismo etnocultural alemán. Obviamente, este rechazo apareció en la segunda mitad del siglo XIX, después que ya se habían formado los grandes estados occidentales, a los cuales por su tamaño, grado de desarrollo y "contribuciones al progreso" se les atribuía el derecho propio de existir como naciones; mientras que "la gente, la lengua o la cultura pequeña encajaba en el progreso sólo en la medida en que aceptara la condición de subordinada de alguna unidad mayor".

TIPOS DE NACIONALISMOS (PUNTO DE VISTA ACTUAL).



Entonces, todo indica que las diferenciaciones que se puedan establecer respecto del nacionalismo no estarán limitadas a sólo factores étnico-culturales, o geo-históricos, como de manera predominante propone la visión academicista occidental, sino que además estarían relacionadas con importantes factores socio-económicos e ideo- políticos, tales como los contenidos de clase que asuman los Proyectos Nacionales y las formas como se manejen las contradicciones políticas, sociales y económicas del país (Ocampo, 2005); como también con las políticas de relaciones internacionales que desarrollen los Estados y el tipo de respuestas que se generen frente a la dominación imperialista (Petras, 2002). Si se toman en consideración todos estos factores, entonces se podrían distinguir tres tipos diferentes de nacionalismos: el conservador, el reformista y el revolucionario:
El nacionalismo conservador se caracteriza por ser opresor y expansionista; partidario del status quo y, por ende, reaccionario frente a toda clase de cambios; no solidario y protector a ultranza de sus ventajas económicas; racista y chauvinista frente a las minorías nacionales y los pueblos menos desarrollados; siempre asociado a las elites y a los diversos imperialismos. 

En el caso de los países dependientes, esta opción conservadora halla su expresión entre los suplentes socio-económicos del poderío euroamericano enfrentados, bajo un manto seudo-nacionalista, a las políticas antiimperialistas y de solidaridad de otras naciones diferentes o rivales al bloque imperial. Como también existen algunas versiones clericales y folklóricas de este nacionalismo, "donde las antiguas elites tradicionales se enfrentan con la dominación imperial para restaurar el poder y la prerrogativas de elites religiosas y, en algunos casos, terratenientes y comerciales" (Petras, op. cit., p. 246).
El nacionalismo reformista es aquel que sólo persigue modificaciones parciales, particularmente económicas, a las contradicciones fundamentales de la nación. Su proyecto de nación no deja de ser el capitalista. Generalmente está conformado por sectores de las clases medias o pequeña burguesía, como algunos medianos y pequeños empresarios nacionales, adversamente afectados por las políticas neoliberales y hegemónicas del imperialismo euroamericano y, por lo tanto, muy interesados en medidas proteccionistas por parte del Estado nacional.

"Su respuesta dice Petras- es también típica de grupos profesionales progresistas, dirigentes de ONG y de otros interesados en buscar una acomodación con la potencia imperial: conseguir el mejor trato posible para ellos mismos, la única "opción práctica" (Ibídem).
El nacionalismo revolucionario, por el contrario, es aquel que propone cambios estructurales o radicales a las situaciones de dependencia, pobreza y opresión nacional. Este nacionalismo no niega la universalidad de las contradicciones socio-económicas ni el carácter internacional de la lucha contra el imperialismo, como tampoco niega la necesaria solidaridad que debe existir entre todos los pueblos del mundo, por el contrario, las tomas muy en cuenta; "Pero como señala Luís Ocampo (op. cit.)- el nacionalismo popular-revolucionario además de recoger los aspectos de universalidad de las contradicciones afirma su particularidad, y esto, la particularidad de las contradicciones es precisamente lo que se les olvida a los estatalistas-cosmopolitas". 

El nacionalismo revolucionario está asociado a diversos movimientos populares de liberación nacional y de resistencia antiimperialista, generalmente partidarios de vincular las reformas radicales con el socialismo.



FRATERNALMENTE
LUIS ROMERO YAHUACHI

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