domingo, 20 de mayo de 2012

CORONEL ABAROA

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CORONEL EDUARDO ABAROA HIDALGO



(San Pedro de Atacama, 1838 - Calama, 1879) Patriota boliviano, héroe de la Guerra del Pacífico (1879-1883) y símbolo en su país del sacrificio al servicio de la patria.
Sus padres fueron Juan Abaroa y Benita Hidalgo.
Realizó sus primeros estudios en la escuelita del pueblo. Siendo mayor adquirió conocimientos de teneduría de libros y contabilidad. Fue miembro del Concejo Municipal de San Pedro de Atacama.
Cuando estalló la guerra trabajaba en una mina de plata, tenía su propio negocio. Su trabajo lo llevó a Calama y allí, sin duda alguna, se alistó como voluntario.
La Guerra del Pacífico se originó en la disputa por la posesión de la región situada al norte del desierto de Atacama, rica en nitrato de potasio, y enfrentó a Chile con Bolivia y Perú. Un tratado firmado en 1874 había otorgado esa región a Bolivia, eximiendo a la vez a las empresas de nitratos chilenas de pagar nuevos impuestos durante veinticinco años. Cuando el presidente boliviano Hilarión Daza exigió que se gravara con un nuevo impuesto a estas empresas en 1878, Chile rompió relaciones diplomáticas con Bolivia y ocupó el puerto de Antofagasta, en la costa del Pacífico.


La ocupación de Antofagasta se produjo el 14 de febrero de 1879, dos días después de que el representante diplomático de Chile en La Paz solicitara sus pasaportes e informara al gobierno boliviano de la ruptura de relaciones. Al producirse la toma de la ciudad, de sus 6.000 habitantes más de 5.000 eran chilenos y sólo unos 600, bolivianos; el resto eran de otras nacionalidades. La llegada de los navíos chilenos Cochrane y O'Higgins, que se sumaron al Blanco Encalada, anclado en el puerto desde varios días antes, fue celebrada por la población chilena.

Del mismo modo, la operación militar fue saludada por los directivos de la Compañía Salitrera de Antofagasta, manifiestamente antibolivianos, que recuperaron el control de las propiedades de la empresa. Tanto las autoridades como el resto de los bolivianos residentes en la ciudad fueron obligados a abandonarla. Tras controlar Antofagasta, con pocos días de diferencia los chilenos se hicieron con Mejillones y Caracoles, poblaciones que no pudieron oponer resistencia alguna debido a que carecían de guarnición.


Lo mismo ocurría en la población de Calama, en el interior del desierto de Atacama, donde la población boliviana organizó la defensa del territorio nacional bajo el mando de Ladislao Cabrera. Las tropas chilenas tuvieron que realizar un gran esfuerzo militar para superar la patriótica resistencia, en la que ofrendó su vida Eduardo Abaroa, el máximo héroe civil de Bolivia.
Abaroa, que se encontraba en Calama por razones laborales, no dudó, junto a otros voluntarios, en alistarse como combatiente. El 23 de marzo de 1879, para repeler el ataque de más de quinientos soldados chilenos que procedían de la localidad de Tocopilla, los defensores de Calama, apoyados por el prefecto de Antofagasta, Severino Zapata, y por una tropa de más de cien efectivos, se situaron en varios puntos de los alrededores de la población.

Si bien la resistencia boliviana fue difícil de aplastar, la superioridad numérica de las tropas invasoras determinó la situación. En un acto de notable arrojo, Abaroa intentó defender su posición. Herido en la garganta, no se sumó a la retirada de las tropas bolivianas y desde su precaria situación logró detener el avance de los soldados chilenos hasta que se quedó sin munición.
La acción de Abaroa es reconocida por el subteniente chileno Carlos Souper, que narró en una carta que se publicó en un diario de Valparaíso: "Nos sorprendió constatar que un boliviano desde dentro hiciera fuego a más de 100 hombres, entre caballería y el 2º de línea, que iban a pasar por allí. Pues amigos, nos dio balas duro y fue imposible pillarlo por mucho que se lo buscaba".

El coronel Villagrán, a cargo del destacamento chileno, consideró la acción de Avaroa como temeraria pero patriótica, por lo que al principio dio órdenes de no disparar. Sin embargo, luego de pasadas las horas y con soldados chilenos heridos, conminó a la rendición a Avaroa, quien sin dejar de disparar le respondió con su célebre frase: "¿Rendirme?... Que se rinda su abuela... ¡carajo!".
 Dos disparos enemigos acabaron con su vida. Los chilenos, en un acto de reconocimiento a su valor, enterraron su cuerpo en el cementerio de Calama.



FRATERNALMENTE
LUIS ROMERO YAHUACHI

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