domingo, 24 de junio de 2012

COMANDANTE AMBROSIO SALAZAR

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Consumada la ocupación de Lima por el invasor con su cortejo de abominaciones cuyos rigores sufrieron todos los pueblos á medida que la invasión se extendía; los habitantes del interior suaves y pacíficos por naturaleza, se levantaron y formaron legiones armadas de rejones y hondas, y, á la sombra bendita de la bandera de la patria, defendían su honra y su propiedad y la honra y la integridad del suelo patrio.
Nuestra guerra del 79 cuenta muchos episodios en que figura el indígena con sus armas primitivas defendiendo su heredad y el suelo de sus mayores. Así sucedió en Comas, pueblo de las montañas de Junín, que el 24 de febrero de 1882 fue invadido por 40 jinetes del ejército de Chile. Nada respetaron estos hombres en su delirio de rapacidad y maldad. El botín fue amplio: solo de la hacienda Runatullo extrajeron 800 reses. Exasperados esos tranquilos habitantes con tantas extorsiones, se prepararon para castigar al invasor.

No contaban con dirección militar; pero entre ellos había un hombre animoso, DON AMBROSIO SALAZAR, hijo de la comarca, que preparó la resistencia; no contaban con armas y las suplieron con las que su ingenio les proporcionó, como hondas, palos, galgas y rejones. Así las cosas, el 2 de marzo siguiente se presentaron de regreso los invasores con su valioso botín, y, al descender la montaña que conduce al pueblo, sus moradores, ya preparados, los atacaron, trabándose combate reñido, que costó á los chilenos 35 bajas, la pérdida de rifles, 35 carabinas y todo el ganado extraído Runatullo. El enemigo quedó así escarmentado con todo el rigor de la indignación del pueblo.
Ese período de la defensa nacional fue fecundo en enseñanzas y en sacrificios. Muchas páginas llenaríamos si nos propusiéramos consignarlas; pero como no es ese nuestro propósito, nos ocuparemos á grande rasgos de otros hechos de armas cuyos aniversarios coinciden en el presente mes. La historia, que ha recogido esos hechos, consigna la valerosa resolución de esos tranquilos hijos del Perú, para afrontar el sacrifico en la lucha desigual.
Las noticias de las victorias demoledoras del general Andrés Avelino Cáceres contra las fuerzas chilenas al mando del coronel chileno Estanislao del Canto el 05 de febrero de 1881 en Pucará y del coronel peruano Arnaldo Panizo el 22 de febrero en Acuchimay por negarse a luchar contra los invasores, corrieron como reguero de pólvora y fueron el detonante de la decisión de los pueblos del Valle del Mantaro para rebelarse y combatir contra las diversas columnas invasoras que penetraban, saqueaban y reducían a escombros a los más alejados pueblos de las provincias del Centro.



Los pueblos andinos de la región central sufrían en esos meses incursiones delincuenciales y criminales de las columnas del ejército de ocupación y cuando conocieron que el “Tayta” Cáceres les había iniciado la guerra, entendieron que esa era la única alternativa para expulsar a los bárbaros de su suelo se levantaron en armas y sumaron al ejército de la resistencia.
Los levantamientos e incursiones contra las columnas se sucedieron y multiplicaron en Sierralumi, Huaripampa, Chupaca, Huancani, Llocllapampa, Sicaya, Pazos, Acostambo, Ñahuimpuiquio, Tarmatambo, San Juan de la Cruz, Pucará, Marcavalle, Concepción, entre otras decenas de lugares; y se inscribieron en el marco de la contraofensiva lanzada por el “Tayta” Cáceres para expulsar de la región central a esta segunda expedición punitiva de los invasores contra la resistencia peruana.

Muchas de estas acciones significaron dolorosos reveses por haber sido emprendidas improvisadamente con las armas rudimentarias que tenían a su alcance, como rejones, hondas, galgas y viejos fusiles, sin embargo, en otras tantas ocasiones vencieron inobjetablemente como ocurrió en Sierralumi, un desfiladero de un kilómetro de extensión, ubicado en las inmediaciones del pueblo de Comas (Huancayo) a10 leguas al noreste de Concepción.
En este lugar, el pueblo campesino de Comas al mando de Ambrosio Salazar y Márquez, despedazó enteramente el dos de marzo de 1882 al escuadrón invasor “Carabineros de Yungay”, jefaturada por el capitán chileno Fernando Germaín y el teniente, de la misma nacionalidad, Idelfonso Álamos, luego de que éstos retornaban de la hacienda Runatullo con un botín consistente en 800 reses y 100 caballos de la hacienda, 35 caballos chilenos, 50 arrobas de mantequilla y otras tantas carabinas Winchester, además de provisiones y dinero recolectado a la fuerza.
Los pobladores de Comas, días antes, más precisamente a fines de febrero habían recibido en su pueblo a esta columna de invasores, quienes a su paso les dejaron la orden de que al retornar de Runatullo les tuvieran listo el pago de un fuerte cupo de guerra, alimentos y doncellas, bajo amenaza, en caso de incumplimiento, de que el pueblo sería incendiado y reducido a escombros.
Jamás imaginaron que en el intertanto los comasinos se organizarían y los sorprenderían en el desfiladero de Sierralumi, donde en una operación magistral y heroica, al mando del Salazar, que incluyó el empleo de galgas (piedras grandes), hondas y fusiles aprovisionados por el Ejército del Centro, masacraron a 35 invasores, del total de 40, entre los que se incluyó el capitán Germaín. Solo consiguieron escapar cinco y el guía, el italiano Luis Loero, conocedor de la zona y que fungía de comerciante en Concepción.
Los dirigentes de los campesinos, entre ellos el guerrillero Jerónimo Huaylinos, no estaban dispuestos a pagar cupo alguno porque en principio carecían de dinero para hacerlo y menos iban a permitir la destrucción de su pueblo y lo primero que hicieron fue buscar al comandante Salazar, joven vecino de la comunidad e hijo de una próspera familia de agricultores, para que los asesore en el combate.
Salazar, era natural de Quichuay, anexo del distrito de Concepción, entonces tenía 25 años, y al serle requerida su participación, sin pérdida de tiempo, tomó cartas en el asunto y dispuso como primera medida el envío de chasquis para hacerle seguimiento a la columna enemiga y saber paso a paso sobre su desplazamiento.

De esta manera, Salazar y su improvisado estado mayor conocieron que la columna invasora había ingresado a la hacienda RunatulIo y regresaba con un botín de ganado vacuno y caballar, luego de lo cual eligieron una posición frente al desfiladero de Sierralumi, que está pegado a un farallón empinado y en el lado opuesto un profundo barranco, donde cavaron una trinchera y posicionaron allí una docena de fusileros, al mando del guerrillero Manuel Ccaya, premunidos de rejones, hondas y armas de caza de los propios comasinos y de otras entregadas por el Ejército del Centro.
Al mismo tiempo, en las partes alta se instalaron combatientes con la misión de lanzar “galgas” (piedras grandes) sobre la columna enemiga y varias columnas de honderos, rejoneros y macheteros que debían entrar al combate del cuerpo a cuerpo.
Tal como estaba planeado, el dos de marzo de 1882, apenas el destacamento invasor se situó en el centro del tramo del desfiladero, sorpresivamente cayó de lleno sobre ellos la carga de fusilería y el alud de piedras lanzados por el ejército de Salazar. A pesar de haber sido sorprendidos, los invasores alcanzaron a responder con sus armas, sin conseguir repeler a los patriotas.
El pelotón de jinetes exterminado pertenecía al Regimiento “Carabineros de Yungay”, cuerpo élite de la caballería invasora, el mismo que había sido capturado durante la campaña marítima por Miguel Grau, al mando del Huáscar, juntamente con el transporte chileno Rímac, en el que era transportado.
El ejército de ocupación, al mando de Patricio Lynch, decidió escarmentar a los guerrilleros comasinos y lanzó una expedición punitiva contra Comas, la que debía ser destruida y borrada del mapa, pero luego al tomar consciencia de que Cáceres se encontraba fortalecido y había iniciado una contraofensiva resolvió negociar la “rendición” de los insurrectos utilizando como intermediario al alcalde de Concepción.
El depredador Lynch envió emisarios haciéndole saber a los comasinos que estaba dispuesto a perdonarlos si se rendían, entregaban el cadáver del capitán Germaín, devolvían por lo menos los 35 caballos chilenos, así como las carabinas tomadas, en caso de rechazar la oferta, serían aniquilados y su pueblo destruido.
Los comasinos, en asamblea general, bajo el liderazgo de Salazar y Huaylinos rechazaron el ultimátum. El bravucón Lynch no se atrevió a ingresar por Sierralumi en busca de los comasinos, porque sabía que iba correr el mismo final de sus camaradas exterminados.
La multiplicación de las guerrillas pronto dio lugar a la creación del “Cuartel General de Guerrillas del Mantaro”, en Chongos Alto, a partir de lo cual ninguna columna invasora volvió a intentar un ingreso en esta región.
Según carta del alcalde de Comas al general Cáceres los guerrilleros tuvieron 4 muertos y varios heridos afirmando haber muerto a 15 soldados chilenos y recuperado el botín. Del Canto por su parte en un informe elevado a Lynch el 9 de marzo adujo que la expedición había sufrido 3 muertos y 6 heridos.
Esta acción, militarmente de importancia menor, fue el detonante que impulsó a los pobladores de Comas a tomar un papel más activo en una guerra en la que hasta entonces habían permanecido indiferentes. Un corresponsal de prensa chileno lo referiría así:
“Los indios lanzaban desde lo alto una lluvia de piedras impulsadas por hondas, que aquellos lanzaban con destreza, a la vez que enormes galgas, o sea grandes peñascos, rodaban con increíble velocidad sobre nuestros soldados. La confusión fue espantosa...enviar otra expedición a esos lugares sería infructuosa porque las alturas en que los enemigos estaban colocados eran inaccesibles...los indios de diez leguas a la redonda, soberbios y envanecidos con los últimos sucesos esperaban resueltos nuestro ataque... han llevado su insolencia hasta desafiar a todo nuestro ejército...Amenazaron con arrasar la guarnición chilena de Concepción, y estaban resueltos a hacerlo, aunque nuestro ejército entero los atacara...escarmiento severo y terrible necesitaban esos serranos”
Corresponsal del diario "El Coquimbo" Huancayo, 15 de marzo de 1882

Como lo han destacado los historiógrafos nacionales, los guerrilleros de la región no contaron con el apoyo de los hacendados, más bien tuvieron que enfrentarse a ellos por sus conductas colaboracionistas, entre los que destacaron los hacendados Luis Milón Duarto, Norberto y Manuel Encarnación Vento y Manuel Valladares, propietario de Runatullo, que abiertamente colaboraron con los invasores.
Salazar, por esta meritoria victoria, fue ungido con el grado de teniente coronel por Cáceres. Juntamente con las columnas de comasinos, estaría en todas las acciones lanzadas por Cáceres.
“EL QUE NO ESPERA VENCER, ESTÁ VENCIDO”.

FRATERNALMENTE
Dr. Luis Romero Yahuachi
Médico Salubrista
CMP:17656

Ambrosio Salazar y Márquez (Concepción, 6 de diciembre de 1856 - Lima, 9 de enero de 1946) fue un militar peruano de destacada participación durante la Campaña de la Breña en la Guerra con Chile.
Nació en Antalá, jurisdicción del pueblo de Quichuay, anexo del distrito de Concepción. Fue hijo del hacendado Asencio Salazar y de María Márquez. Realizó sus primeros estudios en la escuela fiscal Nro. 505 de Concepción y los secundarios en el colegio "Santa Isabel" de Huancayo. En el verano de 1879, se encontraba expedito para iniciar sus estudios en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, pero el estallido de la guerra los truncó retornando a su tierra natal.


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