miércoles, 27 de junio de 2012

TRUEL

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MAGDALENA BLANCA PAULINA TRUEL LARRABURE
La Peruana que Retó a Hitler
“Descubrirla fue impresionante. No podía creer la dimensión humana de esta mujer y que nosotros no conozcamos su vida”, dice Coya.




Víctima del horror contra el cual había combatido, la frágil Madeleine Truel fue obligada a transportar, sin importar su pierna que ya rengueaba, grandes piedras de un lado para otro, ida y vuelta, una y otra vez, sin descanso. La joven hija de padres franceses que había pasado los primeros veinte años de su vida en el Perú, pagaba así en un centro de reclusión nazi su participación en la Resistencia Francesa. De sus familiares, lo único que se le había permitido recibir había sido una Biblia. Ni ropa, ni alimentos. Experta en la falsificación de documentos, labor de filigrana gracias a la cual logró salvar la vida de decenas de judíos durante la Segunda Guerra Mundial, Truel fue rescatada del olvido y la ingratitud por el periodista Hugo Coya al incluir su historia en su libro “Estación final”.
Hugo Coya autor de “Estación final”, sobre víctimas peruanas en el holocausto. La obra narra siete casos, pero nosotros tomamos el de Magdalena Truel, una verdadera heroína.
El periodista Hugo Coya ha publicado un libro para mirarnos bien la cara y sentir, como él dice, vergüenza propia. Estación final no solo narra historias humanas, de víctimas peruanas en el Holocausto, de las cuales tomaremos el caso de Magdalena Truel, sino también revela cómo el Estado peruano –gobiernos de Óscar R. Benavides y Manuel Prado– con una “neutralidad cómplice”, se negó a recibir a 200 niños judíos huérfanos que la comunidad judía de Lima quería traer para salvarlos. Los niños, sin visa peruana, acabaron en los campos de concentración. “Pero el libro, dice Coya, es de vida, no de muerte”.

Magdalena Blanca Paulina Truel Larrabure nació en Lima el 28 de agosto de 1904, en el seno de una familia de inmigrantes franceses. Niña católica, inclinada a las letras, cuya primera desgracia fue la muerte de su madre por un cáncer. Después el fin de su padre y la decisión de viajar junto a sus hermanos a París, a refugiarse en su familia. Pero no. La familia estaba en crisis. Sus hermanos vuelven a Lima y ella y una hermana se quedan en París. Pero la mala suerte ronda. Cuando París es ocupada por el ejército alemán, un camión militar la atropella. Tras un año, se sobrepone a sus males. Vive en un barrio modesto y allí se dedica a cuidar niños de familias pobres, a quienes les narra cuentos. Uno de esos cuentos es L’ Enfant du métro (El niño del metro) publicado en 1943 por Éditions du Chène, con ilustraciones de su hermana Lucha.
No soporta más. No puede tolerar ver desde su lugar de convaleciente cómo los nazis se llevaban a sus vecinos. Se enrola en la Resistencia.
“Descubrirla fue impresionante. No podía creer la dimensión humana de esta mujer y que nosotros no conozcamos su vida”, dice Coya.
“Ella –agrega el periodista– tras el accidente pudo, como es usual en la naturaleza humana, volverse amargada, recluirse en sí misma, pero no, se comprometió con la Resistencia con el seudónimo ‘Marie’ y se convirtió en una falsificadora de pasaportes para salvar judíos”.
Justo, un día de junio de 1944, cuando va por más tinta a una base de la Resistencia, es apresada y torturada para que delate a sus compañeros. Ella, a pesar de su menoscabada salud, resiste. A partir de allí es llevada de un lugar a otro, a Fresnes, a las afueras de París. Después a Sachsenhausen, cerca de Berlín. Y cuando la victoria de los aliados es inminente, junto a miles de prisioneros en pleno invierno es conducida a Lübeck para que mueran en el camino, como una forma de ocultar el Holocausto. En esa marcha un alemán le golpea la cabeza y cae. Sus amigos la llevaban en una litera y días después muere (3 de mayo de 1945), cinco días antes que se rinda el ejército nazi.
Los compañeros sobrevivientes de los campos de exterminio, en una muestra de gran cariño a ella y sus tradiciones, la sepultan con flores rojas y blancas, como símbolo de la bandera peruana, y es recordada con respeto como “el pájaro de las islas”.
“En diarios de la época de París se habló mucho de ella. Su nombre figura en el Memorial de París y su cuerpo reposa en el cementerio de Stolpe, Alemania”, concluye Hugo Coya.


Fraternalmente
Dr. Luis Romero Yahuachi

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