sábado, 15 de septiembre de 2012

ALFREDO TELLO SALAVARRÍA

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ACCIONES HEROICAS MEMORABLES PROTAGONIZADAS POR EL REVOLUCIONARIO APRISTA

Hace 80 años  en la Ciudad de Trujillo, cuna de Víctor Raúl y del APRA se produjo  un hecho histórico que jamás debemos olvidar, por  que significó el gesto rebelde de los trabajadores de las haciendas cañeras, de los estudiantes, de las amas de casa e incluso de la gente de la más refinada aristocracia provinciana, contra la tiranía de Sánchez Cerro y por la explotación existente en los obreros y campesinos de los ingenios azucareros y plantaciones algodoneras ,siendo la clase privilegiada (hacendados) las que gozaban y sacaban provecho de esta explotación, dándose por ese entonces el  7  de Julio la primera insurgencia civil del siglo XX
 
Fue en la madrugada del 07 de Julio de 1932 ,que un grupo de aproximadamente 200 cañeros  de Laredo tomaron el  Cuartel O’Donovan con palos y machetes, dándose una lucha feroz , durando más    de cuatro horas, habiendo de por medio pérdidas de vidas humanas tanto apristas como de los enviados por el general Sánchez Cerro. Los hechos  produjeron tanto  horror y dolor que enlutó a Trujillo y al país por varios meses.
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BUFALO BARRETO  estuvo al frente de los rebeldes, avanzó para ingresar por la puerta del cuartel pero ésta se hallaba cerrada, fue entonces qué  enfurecido derribó la puerta de un solo empellón y cuando avanzó unos metros cayó fulminado de 2 balazos.
BÚFALO BARRETO
 
Por el otro extremo el grupo de Alfredo Tello Salavarría, con refuerzo de la gente de Remigio Esquivel, logró  capturar el almacén de artillería, de esta manera logran sacar ventaja sobre el enemigo.

Un cañonazo disparado sobre la cuadra quebró la resistencia militar y al amanecer del nuevo día sólo se hallaba un reducido grupo de soldados valientes que defendían su honor, dándose por vencida la resistencia y de esta manera los apristas levantan la victoria.
 
Muerto Búfalo, toma el mando ALFREDO TELLO, quién entra triunfante a las 7 de la mañana a la plaza de armas, llevando como trofeo el cañón que utilizaron y que les dio el triunfo definitivo, junto a ellos va  María Luisa Obregón que llevaba la bandera del APRA, como señal del triunfo  revolucionario contra Sánchez Cerro que defendía a los  barones del algodón y del azúcar.
María Luisa Obregón  
Fue una enorme multitud que con lágrimas en los ojos, aplaudía, cantaba la marsellesa aprista,  pero el gobierno no se quedó quieto envió aviones de guerra, hidroplanos "Corsario" de la Fuerza Armada tropas y material bélico, fueron usados por tierra y mar al norte del Perú y  El 8 de Julio se produjo el bombardeo aéreo de la ciudad de Trujillo, el objetivo era tomar Trujillo y así lo consiguieron.
 
Alfredo Tello Salavarría fue artífice de la victoria revolucionaria en la batalla de La Floresta y burló genialmente la persecución militar, apropiándose de documentos de un fallecido, con los cuales pasó a la clandestinidad


La revolución de Trujillo resistió durante cinco días una gigantesca ofensiva militar terrestre y bombardeo aéreo lanzada por el gobierno de Luis Miguel Sánchez Cerro, que sería determinante para derrotar a los revolucionarios apristas, pero ellos no se arredraron, pues desplegaron todas sus energías para revertir la situación a su favor y protagonizaron verdaderas acciones heroicas, que han sido ignoradas por los historiógrafos oficiales y que son dignas de ser enaltecidas.
Entre estas destaca sin duda las que le correspondió cumplir a Alfredo Tello Salavarría, el jefe de la captura, en el cargo luego de la muerte del titular Manuel “Búfalo” Barreto, del cuartel O’Donovan, a las que se agregarían sus valerosas actuaciones en la victoriosa batalla de La Floresta y defensa del Barrio de Chicago, último bastión aprista de Trujillo, que fue rebasado por la ofensiva militar, donde consiguió burlar genialmente la persecución militar y poner a salvo su vida.
El 9 de julio, el tercero de la revolución, el jefe político Agustín “Cucho” Haya de la Torre, por acuerdo del comando revolucionario, se dispuso a evacuar Trujillo con el mayor número de fuerzas para instalar la resistencia en las serranías y comisionó a Remigio Esquivel quedarse a cargo de la retaguardia y a Tello la tarea de contener la marcha del mayor EP Alfredo Miro Quesada.
La situación era crítica, las tropas gubernamentales al mando del comandante Eloy Ureta, quien en 1941 tuvo a cargo las operaciones de expulsión de tropas ecuatorianas del territorio y ocupó victoriosamente Guayaquil, habían conseguido desalojar a los revolucionarios del puerto de Salaverry y comisionó al mayor Miro Quesada llevar las acciones a Trujillo.
La ocupación militar de Salaverry fue posible gracias al bombardeo lanzado por hidroaviones sobre las posiciones de los revolucionarios, obligándolos a replegarse a Trujillo. Miro Quesada entendió que debería ser implacable y se lanzó inmediatamente a ocupar la capital departamental.
Tello no alcanzó a cumplir la orden de “Cucho” Haya, de instalar la artillería en los Mamelones de Moche, por donde se ingresaba a Trujillo, porque las tropas de Miro Quesada ya ocupaban estas posiciones, y desplegó sus fuerzas en abanico con el apoyo de un cañón manipulado por el licenciado (denominación del que había cumplido el servicio militar) Leytón.
El combate se produjo. Miro Quesada tuvo el apoyo aéreo con bombardeos que neutralizaron el cañón de Leytón que los mantenía a raya e infiltró sus tropas con dirección hacia las posiciones de las fuerzas de Tello, quien ya casi sin municiones no tuvo más alternativa que ordenar la retirada, previa orden de enterrar las armas.
Tello, acompañado del revolucionario Henríquez, se encaminó a La Floresta, donde estaban emplazadas las fuerzas del compañero Fidel León (67), quien a pesar de su edad tenía una envidiable salud física y un poderoso ascendiente entre los combatientes.
Al igual que ellos, León cavó trincheras a lo largo de la Portada de Moche, donde se parapetaron los campesinos de Laredo para dominar la línea que conducía a Salaverry. Los revolucionarios levantaron troneras en las tapias, convirtieron cada casa en una pequeña fortaleza y la quinta La Floresta, de Genaro del Risco, en el cuartel general de la resistencia.
Tello y Henríquez se disponían a vadear el río Moche cuando fueron sorprendidos y capturados por los soldados. Como estaban desarmados y con ropa andrajosa se hicieron pasar por campesinos. Los soldados los interrogaron cómo habían conseguido salir de Trujillo y Tello respondió que lo habían hecho por un punto vulnerable de La Floresta (donde estaban las fuerzas de León).
Tello, así lo narra el historiador Percy Murillo, conocía la zona de La Floresta como la palma de su mano porque había palomillado por allí de niño. “Ahora me la juego el todo por el todo”, dijo Tello y trató de hacerle entender por señas a Henríquez sobre lo que se proponía, debido a que por la vigilancia de los soldados no podía hacerlo en forma directa, pero aquel no le entendió nada, como quedaría demostrado después.
Llegando al terraplén del ferrocarril, dos metros más adelante había una poza y al otro lado se encontraban las fuerzas de León. Este vio llegar a los dos compañeros seguido de soldados y con rápidos reflejos se dio cuenta de la difícil experiencia que estaba viviendo. Tello, con igual rapidez, se lanzó a la carrera y antes de lanzarse a la poza pidió a gritos a León hacer fuego.
Los soldados se echaron a tierra y abrieron fuego contra los audaces fugitivos. Henríquez no tuvo la misma rapidez de Tello y cayó fulminado. Frente al fuego inclemente de los revolucionarios de La Floresta, los soldados retrocedieron desesperados. En el campo de batalla dejaron abandonados soldados abatidos y heridos, así como cientos de fusiles y ametralladoras con sus respectivas municiones.
La victoria de La Floresta, inesperada y prometedora, sin embargo, no fue aprovechada, porque una mínima recomendación militar aconsejaba perseguir al vencido regimiento N° 7 de Infantería hasta extinguirlo completamente, porque se trataba de un cuerpo de elite y el más leal de Sánchez Cerro, enviado especialmente para exterminar la resistencia aprista.
Esto no se hizo por recomendación del saboteador jefe del comando revolucionario, capitán EP Leoncio Rodríguez Manffourt, quien para que esto no se produzca dio la orden de cesar el fuego en los precisos momentos que Remigio Esquivel y Alfredo Tello se aprestaban, siguiendo la mínima lógica militar, perseguir a los soldados y rematarlos por su retaguardia.
Según lo destaca el historiador coronel Félix León Echagüe, en su obra “Lo que vi y lo que sé de la revolución de Trujillo”, la decisión impuesta por Rodríguez Manffourt “tuvo un resultado fatal, porque significó para los revolucionarios entregarse de espaldas con las manos amarradas”, porque esas mismas fuerzas, bajo las órdenes de Eloy Ureta, participarían en la estocada final a la última resistencia trujillana en el barrio de Chicago.
A las once de la mañana del 11 de julio, quinto día de la revolución de Trujillo, el primer batallón del regimiento 11 de Infantería capturó la Plaza de Armas, con lo que se consumó la caída de Trujillo.
El martes 12 de julio aparecieron en las paredes bandos militares donde se ordenaba la pena de muerte a los que no entreguen las armas que tengan su poder y el estado de sitio a partir de las seis de la tarde.
El miércoles 13 de julio quedaba un último grupo de combatientes, al mando de Alfredo Tello, concentrado en el barrio trujillano de Chicago, que fue arrollado al mediodía por las fuerzas del coronel Manuel Ruiz Bravo. Tello dio la ordena a los sobrevivientes de romper filas y él se internó por los cañaverales perseguido por las patrullas.
En el caminó tropezó con el cadáver de un resistente, hurgó sus ropas y encontró los documentos personales del difunto, que respondía al nombre de Manuel Céspedes Gil, los tomó y dejó los suyos y siguió huyendo hasta llegar a la casa de la familia Hoyle, donde se refugió hasta el día siguiente, cuando partió a la escuela donde trabajaba como maestro y cuyo director, Manuel Hernández, lo puso a salvo.
Los soldados encontraron el cadáver con los documentos de Tello, lo entregaron a su familia, la que procedió a enterrarlo, guardar luto y mandó oficiar una misa. Tello se salvó del fusilamiento y permaneció en la clandestinidad, luchando por la causa aprista durante la larga persecución de que fueron objeto en el lapso de 1934 a 1945.

Fraternalmente
Luis Romero Yahuachi



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