domingo, 7 de octubre de 2012

EL PERÚ Y LA GUERRA ASIMÉTRICA

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Lo que ahora denominamos guerra asimétrica es tan antiguo como el hombre: basta remontarnos al pasaje bíblico de David y Goliat para ver un excelente ejemplo aplicativo de la misma.
Posteriormente, la derrota de Varo y sus legiones a manos de tribus germánicas en el bosque de Teutoburgo el año 9 D.C.; también el aniquilamiento de ejércitos británicos en Afganistán el año 1842 y en Isandlwana a manos de los zulúes en 1879, o del Séptimo de Caballería a manos de los Sioux, Oglalas y Cheyenes en Little Big Horn el año 1876.
Más recientemente, la masiva actuación de los partisanos soviéticos contra los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial—y que contribuyó notablemente al éxito de las fuerzas regulares de su país—las derrotas de los EE.UU. y la Unión Soviética en Vietnam y Afganistán, respectivamente, así como la derrota de las fuerzas militares de la Federación Rusa en Chechenia (1994-1996) y los problemas que sigue teniendo contra la guerrilla en esa república islámica.
Guerra asimétrica es la que han llevado a cabo grupos revolucionarios contra Estados; pero relacionado con la organización Al-Qaeda de Osama bin Laden, tenemos el atentado que el 12.10.2000 sufrió el navío de guerra estadounidense USS Cole, un destructor de la clase Arleigh Burke, equipado con el sistema de control de batalla Aegis, y por ende uno de los más sosticados barcos de guerra del mundo. Como sabemos, fue severamente dañado en el puerto de Adén (Yemén),
En el presente trabajo se expone dos componentes importantes de la actual relación entre Perú y Chile, los campos militar y político-económico y en forma menos destacada el campo social y el correspondiente a las relaciones internaciones. El objetivo del autor es proporcionar elementos de juicio para contestar dos preguntas que rondan en el país: ¿Es posible que haya un conflicto armado con Chile? De ser así, ¿cómo le irá al Perú en el conflicto? Por razones didácticas, las preguntas son contestadas en orden inverso a las preguntas.

CAMPO MILITAR

Quienes se basan en el balance militar entre Perú y Chile, sostienen que frente a la enorme disparidad de medios, el Perú está irremediablemente perdido. Este razonamiento es propio de los derrotistas, gente peligrosa porque se constituye en un enemigo interno que quebranta la voluntad de lucha del Perú. La historia nos demuestra que si la superioridad militar y tecnológica fueran suficientes para vencer, napoleón hubiera derrotado a España, EE. uu a Vietnam del norte, Rusia a Afganistán, Israel al Líbano, etc, etc… el asunto es más complejo que el pensamiento basado en diferencias numéricas.

La guerra no es de un solo tipo, es múltiple, la más conocida es la guerra convencional, en la que el elemento fundamental es el campo militar y donde tiene validez el balance de las armas.

Es basándose en este tipo de guerra que los analistas convencionales llegan a conclusiones elementales tales como: Chile tiene 400 tanques “Leopard”, decenas de aviones F-16 de última generación, un satélite espacial y otros elementos, que revelan un elevado poderío militar.


En cambio el Perú tiene tanques viejos y unos pocos aviones anticuados, por tanto, “el Perú será derrotado en menos tiempo que los seis días que necesitó Israel para derrotar a los árabes”.

Hay otros tipos de guerra, que actualmente son conocidas como “asimétricas”, debido a la existencia de grandes disparidades entre los contendientes. Este tipo de guerra siempre existió en la historia de la humanidad y es más antigua que la guerra convencional. Ha sido nominado de diferentes maneras: guerra de guerrillas, guerra de baja intensidad, guerra revolucionaria, guerra de resistencia contra la ocupación enemiga, guerra irregular moderna y otros.

El nombre actual se popularizó a partir del año 1999, cuando dos coroneles de China Popular publicaron el libro “Guerra sin restricciones” en el que plantean un conjunto de estrategias para enfrentar a los EE UU en una hipotética guerra. Los autores establecen que hay cinco tipos de asimetrías: política, tecnológica, de la voluntad, de la paciencia y de la responsabilidad jurídica.

Para enfrentarlas se debe privilegiar la guerra táctica sobre la operacional, esto es, la guerra de baja intensidad sobre la convencional basada en grandes unidades, frentes de batalla, líneas de comunicación y otros.

En opinión del autor, el Perú para enfrentar una invasión, debe elevar dos fortalezas: la voluntad y la paciencia, esto es, la capacidad para resistir todos los costos en destrucción de bienes materiales y pérdidas de vidas humanas, todo el tiempo que sea necesario hasta derrotar al enemigo.

Asimismo, en relación a la asimetría tecnológica en lo referente a las fuerzas armadas, debe reducir en primer lugar, la diferencia en el campo de la aviación militar, para impedir o reducir los efectos de la primera etapa de la guerra moderna, la guerra aérea.

Veamos un ejemplo reciente. En agosto del año 2006, Israel atacó al Líbano para liberar a dos soldados israelíes que había secuestrado la organización denominada Hizbolá, pero en el fondo fue para liquidar a esa organización.

En el Líbano había dos fuerzas armadas una, regular correspondiente al Estado del Líbano y otra, irregular correspondiente a Hizbolá. Al producirse la invasión, la primera no participó, únicamente actuó Hizbolá para detener la ofensiva israelí; mediante el empleo masivo de pequeñas armas antitanques y cohetes de corto y mediano alcance.

Inicialmente Israel atacó y destruyó puentes y carreteras, pistas de aterrizaje, arsenales y otros objetivos militares. Luego inició un bloqueo marítimo y aéreo, a continuación ejecutó el ataque terrestre empleando blindados, pero solamente pudo tomar algunos pequeños territorios debido a que Hizbolá causó importantes daños y bajas a los atacantes.

En esas circunstancias se produjeron dos hechos políticos fundamentales, al interior de Israel, la oposición acusó al gobierno de Olmert de incompetencia por el fracaso de la ofensiva, rompiéndose la unidad necesaria para continuar la ofensiva y segundo, intervinieron la ONU y otros organismos internacionales.

En setiembre, Israel evacuó las zonas ocupadas. El saldo fue de más de mil muertos libaneses y de cerca de 300,000 desplazados, amén de otros daños. Como se puede apreciar este conflicto duró solamente un mes.

Esta descripción se limita al aspecto militar, no es de carácter político orientado a determinar quién tiene la razón, o qué ideología defiende cada uno. Simplemente establece la naturaleza de la ofensiva militar israelí y la respuesta militar de Hizbolá, en lo que configura un enfrentamiento de tipo asimétrico.

Tomando en cuenta este ejemplo, se puede plantear una pregunta esencial. En términos militares, ¿Chile es igual a Israel y Perú, inferior a Hizbolá?

En ambos casos, la respuesta es ¡NO!, por tanto, Chile puede ser neutralizado en caso de un ataque al Perú, sin descartar la subsiguiente derrota del agresor. En concordancia con el ejemplo planteado, se presenta una segunda pregunta ¿Un ejército regular como el peruano, puede llevar a cabo una guerra asimétrica o una combinada, destinada a hacer fracasar un ataque de Chile?

La respuesta es algo compleja, no se limita a una afirmación o a una negación, porque para responder afirmativamente es necesario demostrar que está preparado o que puede prepararse en corto plazo para una guerra combinada.

A los militares tradicionales les interesa fundamentalmente la guerra regular, toda su preparación está dirigida a pensar en términos cuantitativos, inclusive tienen tablas de equivalencias, por ejemplo señalan que una superioridad de tres a uno permite ganar y una de cinco a uno, garantiza la victoria.

Por supuesto que conocen ejemplos de guerra irregular que terminaron en derrotas de ejércitos regulares, pero corresponden a guerras de insurgencia comunista, subversiva y otras formas consideradas espúreas. El principio que guíe la estrategia defensiva del Perú debería ser la de emplear todos los tipos de guerras necesarias, combinando la guerra convencional con la asimétrica.

El analista argentino David Portilla, establece dos situaciones que deben resolverse para que un país adopte la estrategia de la guerra asimétrica:

“Para una Fuerza Armada regular, formada y entrenada en métodos convencionales, aplicar esta modalidad de guerra será dificultoso y desafiante. Tendrá, entre otras acciones, que analizar y adecuar la concepción estratégica operacional y adaptar su organización, definir doctrinas y reentrenar sus elementos”.

“Teniendo en cuenta que este tipo de guerra asimétrica, considera implícitamente la ocupación de parte del territorio por un ejército invasor, situación que –para poder aplicar la guerra asimétrica– tendrá además que ser prolongada en el tiempo, se requerirá de un consentimiento y aval político, pues en ella no solamente están comprometidas las Fuerzas Armadas, sino también, como es obvio, el territorio nacional y la población civil. Esta situación conlleva un alto costo político a nivel interno que alguien tiene que asumir y que trasciende la responsabilidad de las jerarquías militares”.

Hay diversos ejemplos en el que un ejército ha utilizado ambos tipos de guerra, en forma separada y también, de manera combinada. Veamos brevemente, tres casos correspondientes a la Segunda Guerra Mundial. El primero se dio en la URSS contra el ejército alemán en que los soviéticos emplearon las dos formas de guerra, derrotando a los germanos.

El segundo caso se produjo en Yugoslavia donde las guerrillas comandadas por Tito, líder comunista, fue apoyado por los aliados para expulsar a los invasores alemanes e italianos y el tercero, el más sorprendente, por su connotación política, fue ejecutado por el ejército Imperial japonés para repeler la ocupación norteamericana.

Así por ejemplo en la batalla de Okinawa, la más sangrienta de la guerra del Pacífico, combatieron 107,000 soldados y 24,000 milicianos y cuando se produjo la derrota, luego del harakiri de los dos generales de mayor rango, el tercero tomó el mando de las guerrillas. Era junio de 1945, menos de dos meses después, Truman dispuso el lanzamiento de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, impactado profundamente por el precio en vidas norteamericanas que causaba la resistencia japonesa combinada, situación que no podía mantenerse.

CAMPO POLÍTICO-ECONÓMICO

Lo primero que debe comprenderse con claridad es que la decisión de ir a la guerra la toma el Gobierno, y en el caso de Chile, será quien tiene el poder económico político, tomando en cuenta sus propios intereses, en este esquema, no interesa la cantidad de pinochetistas y “geopolíticos” que haya en sus fuerzas armadas.

Un gobierno de derecha se cuidará de lanzarse a una aventura bélica, primero evaluará el factor costo-beneficio. Este sector es el que tiene siete mil millones de dólares invertidos en el Perú que obviamente rinden excelentes dividendos a los dos países. En caso de conflicto, sus inversiones ingresarán a un terreno incierto, peor aún, es probable que gran parte de ellas sean pulverizadas.

Recordemos lo que sucedió en diciembre de 1941 en el Callao y en menor medida en Lima. Producido el ataque a Pearl Harbor, el Perú declaró la guerra a Japón, apenas se conoció la noticia, una gran cantidad de desadaptados atacó los locales comerciales de los japoneses, los saqueó e incendió, inclusive produjo heridos entre los asiáticos.

Nadie incitó a los agresores, no se sabe exactamente por qué los hicieron, una respuesta obvia es el afán de pillaje y robo, pero hay otra respuesta más vergonzosa, es la que además considera a la envidia hacia los japoneses que prosperaban en base a su trabajo, conducta alejada de la forma de ser de los atacantes.

Conociendo que actualmente, más del 80% de la población considera a Chile como un país antagónico al Perú, lo ocurrido en 1941 se potenciaría enormemente. La Policía no se daría abasto para controlar los desmanes contra las empresas chilenas como Saga, Fasa, Sodimac, Home Center, Ripley, Inka Farma, Wong y muchos otros. Y esto sería solamente el principio. Ahora se constata que haber invertido en el comercio tipo “retail” es un riesgo para el capital chileno. Obviamente los analistas chilenos conocen esta posibilidad. ¿Este escenario preocupa a los empresarios chilenos?

Sería diferente si el Gobierno peruano adoptara medidas contra el capital chileno afincado en nuestro país, como sucede en Bolivia y Venezuela contra empresas extranjeras. Ahí sí se produciría la intervención chilena en defensa de sus empresarios. Como dijera el general Jaque (excelente apellido para un militar), nuestras fuerzas armadas están para resguardar nuestras inversiones en el extranjero.

Entonces ¿contra quién se arma Chile? La respuesta más sencilla es decir: ¡contra el Perú!, una respuesta menos sencilla es que, no le queda otra cosa que armarse para gastar el dinero que recibe del canon que proporcionan las exportaciones de cobre, pues de acuerdo con la ley, únicamente puede emplearse en adquisición de armamento y en mantenimiento del mismo.

Esta medida fue adoptada por Pinochet cuando sus delirios “geopolíticos” lo llevaban a soñar con un ejército conquistador a imagen y semejanza del ejército nazi. Hasta la fecha la clase política chilena no ha podido eliminar ni reducir el canon lo que demuestra que el sector militarista tiene poder y este poder está basado en gran medida en que los empresarios apoyan al Ejército, porque éste los salvó del comunismo.

Si el sector militarista y expansionista tomara el poder, la amenaza al Perú se transformaría en realidad. Es una posibilidad con escasas probabilidades de materializarse, pero que no se puede descartar.

De otro lado, aunque se suponga que los organismos internacionales no actúan, es un hecho que las guerras de conquista para arrebatar territorios, no son aceptados por la comunidad internacional. Este hecho va contra los halcones chilenos. Entonces ¿qué pueden ganar? Otro factor que se menciona es que Chile no acatará el fallo de La Haya si fuese contrario a sus intereses. Hasta este momento Chile viene comprometiéndose a acatar el fallo. Pero no puede descartarse, que se produzca un conflicto limitado, generado por ultranacionalistas chilenos.

Para concluir, el Perú cuenta con un elemento disuasivo que no corresponde a una preparación dirigida por el Gobierno ni por las fuerzas armadas, la acción del pueblo contra las propiedades chilenas lo que incluiría a sus ciudadanos.

El Perú puede adoptar una política de Estado orientada a cambiar la estrategia militar a fin de aplicar la guerra combinada compuesta por la guerra convencional y la guerra asimétrica, basada en la unión del Ejército con la población, como en su momento lo hizo el general Cáceres.

Por último, el Perú debe potenciar en primer lugar a la FAP para reducir y neutralizar la acción de la FACH. Aunque no parezca, Chile tiene una debilidad muy grande, la guerra convencional tiene un altísimo costo, Chile no puede emular a los EE UU de la Guerra el Golfo. Su capacidad económica es limitada, en consecuencia, retrasar e impedir el logro de sus objetivos aéreos será fatal para su ofensiva.

El Perú tiene capacidad para enfrentar a Chile si adopta las medidas necesarias, esto parece obvio, pero hasta ahora no se percibe una definición estratégica para establecer qué tipo de preparación escogeremos. Definitivamente, la guerra convencional no es el camino.



Fraternalmente
Luis Romero Yahuachi

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